MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

27-12-2018

Justicia por pantalla propia

Justicia por pantalla propia

Todo el mundo es inocente, hasta que lo acuse una mujer.

El autor

Sí, vamos a pelear. Pero sólo si leen lo que quieren leer y no lo que escribo. Porque el epígrafe también podría haber sido “Te creo, pero no es el punto”.

Es que estoy asustado. Ustedes no? Bueno, si prestan atención, van a comenzar a vivir aterrados…

Si cualquiera de mis hijas viniera a decirme que un amigo –en quien deposité la confianza del cuidado de ella– la violó, esto es lo que pasaría y en este orden: contendría a mi hija como pudiera, mataría a mi amigo después de haberlo torturado un buen rato e iría en cana por matarlo sin posibilidad de que me rebajaran la pena por emoción violenta. Porque como no podría probar la acusación, la muerte de mi amigo sería un homicidio sin ninguna clase de atenuantes.

Es justo que yo vaya en cana por matar al hijo de puta que violó a mi hija? No.
Es justo que porque no lo puedo probar encima no tenga ningún atenuante y por lo tanto, ninguna reducción de la condena? No, claro que no.

Pero estamos hablando de justicia casi en términos religiosos, no?

Porque si ése no es el caso, si hablamos de justicia acá en la Tierra, la que hace que podamos convivir en sociedad, lamento decirles que sí, es justo. Y no, no me volví loco. Es tan fácil de entender que me alarma que no nos estemos dando cuenta de cuánto estamos derrapando como sociedad cuando la sentencia se apoya en “yo te creo”.

A partir de la “denuncia” de Thelma Fardin nos hemos dividido en aquellos que “creen” y quieren colgar a Darthés en la Plaza de Mayo y aquellos otros que “no creen” y hacen foco en lo mal actuado que está el video, el maquillaje, la producción y edición, indignando a los que “creen” porque “cómo podés ser tan hijo de puta de preocuparte por eso y no porque la violaron”.

La verdad? En este momento lo que menos me preocupa es el maquillaje, la actuación o incluso la violación.

Sí, leyeron bien. No me preocupa la violación en este momento. Pero no porque me chupe un huevo semejante barbaridad (no se olviden que yo lo hubiese matado si fuera mi hija) sino porque estamos encaminando el contrato social hacia terrenos muy peligrosos.

Porque por este camino, y perdónenme la metáfora, nos van a coger a todos.

Porque si vamos a sentenciar a alguien porque “yo te creo”, sin importarnos una mierda si hay o no pruebas que avalen la denuncia contra ese alguien, mañana podremos no sentenciar a alguien porque “no te creo”, sin preocuparnos por la evidencia que se presente.

Tengo el vicio de poner en palabras lo que no se puede decir y por eso no me tiembla el pulso en escribir que si la denunciante fuera, por ejemplo, Vicky Xipolitakis, no seamos hipócritas y aceptemos que nadie le creería nada, a menos que trajera un video de la violación y sólo después de pasarlo por 30 peritos que aseguraran que no está truchado.

Que hoy haya un movimiento que defienda el hashtag “believe women” (creéle a las mujeres) es una locura que podríamos llegar a pagar muy caro en el futuro. Porque no se puede cimentar la justicia en algo que alguien “dice”. O porque lo “dicen” algunos más.

Es siniestra la puerta que estamos abriendo cuando permitimos, en nombre de hacer visible un problema, que cualquiera obtenga condena para otro con tan sólo decirlo o por el simple hecho de ser mujer.

Aparte del conocido “Todo el mundo es inocente hasta que se DEMUESTRE lo contrario” hay otro principio básico sobre el cual se apoya la sociedad para que la justicia sea lo más justa posible y esto es “Mejor 10 asesinos sueltos que un inocente condenado a muerte”.

Particularmente me da bronca la idea de que haya delincuentes sueltos, pero me la banco por una sencilla razón: ese principio me protege a mí, que no soy delincuente, de terminar preso porque alguien decidió “creer” que soy culpable. Como por ese principio hacen falta pruebas para poder condenarme y nunca habrá pruebas porque no soy delincuente, estoy tranquilo, vivo mi vida en paz. Claro que aquellos delincuentes que logren ocultar las pruebas o aquellos delitos de los cuales sea muy difícil sino imposible encontrarlas quedarán impunes. Sí, una mierda. Pero mucho peor es que porque empecemos a manejarnos por el estómago o lo que nos parece, terminemos ajusticiando a gente que nada hizo. O que no hizo lo que se le imputa.

Conozco de referencia a un hijo de puta que mantuvo doble vida durante mucho tiempo. No la violó, ni abusó de ella, ni la maltrató. Pero es un zorete que le mintió a diario hasta el momento en que la verdad salió a la luz. Podrán imaginar el dolor de mi amiga. Podrán imaginar el monumental enojo.

Ahora bien: este hijo de puta se merece algún castigo social o legal?

Nop.

Retorzámonos juntos de la bronca. Pero no hay castigo legal para este comportamiento. Ya ni siquiera hay alguna forma de desventaja a la hora de la separación de bienes por haber sido adúltero. No existe más esa figura legal.

Y entonces? Bueno, bien podríamos aprovechar el agujero legal que estamos generando y denunciarlo por cualquier cosa que no se pueda probar pero que la sociedad repela con sus vísceras.

El problema es que mañana puede tocarme a mí. Y tal vez, ni siquiera soy yo el hijo de puta. Tal vez la hija de puta es mi pareja (o las mujeres ya no pueden ser malas personas?) y decide que simplemente porque dejé de quererla me va a “hacer mierda”.

Nos estamos yendo al carajo. Estamos meando a cientos de metros del tarro. Estamos atascados en la zanja, porque la banquina la pasamos de largo hace rato. Así de feo estamos derrapando.

Porque si de repente, hartos de tanta violencia, robos, asesinatos y demás mierdas que soportamos a diario, decidimos que vamos a meter en cana a los que “creemos” que son delincuentes o asesinos, ya no vivo tan en paz. Porque cualquiera que me quisiera joder feo por el motivo que sea podría juntarse con tres más, decir que yo los asalté y que ese asesinato del que nunca pudo descubrirse el culpable en realidad lo perpetré yo y listo, cagué.

Y si es una figura pública, ni llego a juicio. Me empalan antes de que un juez decida si “cree” o no lo que están diciendo de mí. Y si yo también soy una figura pública, directamente me ejecutan por cadena nacional.

Cuando uno es adolescente, en esa época en la que aún nos falta un golpe de horno, uno anda por la vida sin medir las consecuencias. Típico de esa edad es tomar decisiones sin ponernos a pensar en qué puede pasar después de tomar esas decisiones. No somos boludos, somos adolescentes. Y como dije, nos falta un golpecito de cocción.

Cuando boludos grandes siguen siendo adolescentes y se toman selfies en grandes alturas o se tiran en trajecitos para volar, no me preocupan las consecuencias. Porque si se matan por pelotudos, se mueren ellos, no yo. Si un tarado decide saltar de cornisa en cornisa y termina como una mancha de sangre esparcida en mi vereda, tampoco me preocupa. Un poco de lavandina mezcladita con detergente, paso el trapo y listo: mi vereda queda como nueva.

Pero cuando la sociedad, en nombre de lo que sea, decide sentenciar a gente a partir de “creer” o “no creer”, ahí sí me preocupo. Porque estoy viviendo entre pendejos pelotudos que no miden las consecuencias.

Cuando la sociedad se dedica a discutir si la violó o no, si el tipo es un enfermo o ella una atorranta mentirosa, en lugar de parar la pelota y pensar un poquito hacia dónde estamos yendo, ahí sí me preocupo. Porque estoy viviendo entre tarados que ven el árbol y ni reparan en el gigantesco bosque detrás.

Cuando esa misma sociedad usa esa denuncia para hacer propaganda de su ideología con respecto a la ley del aborto, mezclando peras con calefones, y otra parte de esa sociedad se indigna por eso y lo usa para descalificar la denuncia, una vez más me preocupo. Porque estoy librado a la suerte de un cúmulo de estúpidos de un lado y ventajeros del otro a los que paradójicamente, lo que menos les importa es la supuesta violación.

Quieren mi opinión? Juan Darthés es un enfermo. Basado en qué le “creo” a Thelma? Basado en nada sólido. Apoyado en que sé de primera mano lo promiscuo que el ambiente artístico es y en mi estómago. Y con eso alcanza para sentenciarlo si yo fuera juez y estuviera en mis manos su libertad? Y… no, no?

Yo estoy en todo mi derecho de “creer” que Juan Darthés es un hijo de puta y que ella lleva el estupro a nivel de violación simplemente porque ahora puede, pero ese derecho a “creer” lo que se me cante el culo no tiene nada que ver con poder decidir condenar o absolver a alguien a partir de lo que yo “creo”.

En el caso particular, voy a seguir diciendo que “creo” que él es un hijo de puta más, un enfermito más de ese ambiente y que “creo” que ella distorsiona un poco los hechos reales. Pero JAMÁS condenaría ni a uno por violador ni a otra por mentirosa a partir de lo que yo “creo”.

Háganse un favor. Recuerden las barbaridades que se cometieron en la Historia a partir de lo que la gente “creía”. Un par de hijos de puta querían matar a una mujer, la declaraban “bruja” y el pueblo la prendía fuego. Otro par de hijos de puta querían mantener su poder, declaraban a un tipo “conspirador” y el pueblo aplaudía mientras lo fusilaban.

Paremos un poco.

Porque si seguimos por este camino de manejarnos como sociedad como cuando éramos pendejos irresponsables, no nos sorprendamos cuando no nos alcance la lavandina y el detergente para limpiar la enorme cantidad de sangre que va a haber en la vereda.

Y a cantarle a Gardel si mañana,

por esas cosas del destino,

es nuestro cuerpo el reventado contra el piso…

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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