MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

05-04-2023

Likes o besos

Likes o besos

Doscientos kilos no es “de talla grande”. Doscientos kilos es obesidad mórbida.

-El autor

No imagino siquiera que alguien pusiera “me gusta” o comentara su admiración por la valentía de un tipo con cáncer de pulmón que posteara fotos fumando tres cigarrillos al mismo tiempo, con 14 paquetes sobre la mesa y la máscara de oxígeno de fondo.

O que aplaudiera el post de un sujeto con cirrosis rodeado de 20 botellas de alcohol y mandándose un trago de vodka del pico de otra, tirado en su sillón, absolutamente borracho.

Y creo que a nadie se le ocurriría criticarme si comentara cualquiera de esas publicaciones haciendo hincapié en que se trata de enfermedades y que el sujeto en cuestión es un tarado que se está matando a conciencia. O, en el mejor de los casos, alguien que necesita desesperadamente ayuda.

Sin embargo, cuando personas con obesidad mórbida que pesan 250 kilos, tienen llagas en todos los pliegues de la piel, rodillas inexistentes y tobillos como columnas del Coliseo, una catarata de estúpidos “incluyentes” aplauden, vitorean y comentan sobre la valentía del sujeto en cuestión bajo el imperio de “todos los cuerpos son hermosos”, una de las tantas mentiras contemporáneas.

Y confunden que una persona con kilos de más pueda sentirse bella y pueda lucir cuán bien le queda una remera, con alguien que padece de una en-fer-me-dad GRAVE y que, además, está lejos de poder sanar porque eligió el camino de desmentir su condición.

Una condición que tiene consecuencias jodidas y que lo más probable es que termine con su vida a corta edad.

En alguna otra nota conté que a mis 6 años padecí de enuresis por un tiempo. Me hacía pis en la cama durante la noche. Y que cada mañana desplegaba las sábanas como un torero y le decía a mi hermana menor desde “arriba”, en mi cama marinera: “Mirá Andrea, mirá cuánto pis!”

Que un chico de 6 años pretenda lidiar con su problema por ese camino es absolutamente normal.

Pero si un adulto se vanagloria de su riesgo de muerte y se muestra acelerando el proceso… tiene serios problemas.

De valiente no tiene nada. Nada. No puede dar pelea y busca el reconocimiento social que “alimente” su desmentida y lo ayude a convencerse de que lo que hace con su vida es digno de admiración.

Y en esta sociedad de idiotas que nos supimos conseguir, encuentra cientos, cuando no miles de imbéciles que entendieron muy mal la inclusión y le “dan de comer” con comentarios halagadores.

Incluir a esa persona es tenerla en cuenta como ser humano. Es no insultarlo ni agredirlo por su condición. De ninguna manera es adaptarle la realidad, distorsionándola a tal punto de estar fomentando su patología.

Leí hace poco un post que decía que había que enseñarles a nuestros hijos a no hacerle bullying a un chico obeso. Algo con lo que estoy absolutamente de acuerdo. Pero comenté “Al mismo tiempo de enseñarle a los padres a alimentar bien a sus hijos para que no padezcan obesidad mórbida a tan temprana edad”.

Si alguien cree que estoy apoyando el bullying, pues a recursar “Comprensión de textos”.

Lo que planteo es que, si la sociedad toda va a aplaudir la cantidad de pis que me hice de noche, pues en nada me ayudan a superar mi problema.

No hace tanto en la historia peleábamos con la anorexia y la bulimia (aún hoy peleamos). Y muchos tratábamos de explicar a los idiotas que las apoyaban que no eran chicas “delgaditas”, eran personas enfermas camino a una muerte segura.

Pues hemos evolucionado en la imbecilidad. Ahora, bajo el imperio de la Inclusión y el mantra “todos los cuerpos son hermosos” tenemos que pelear con los estúpidos que apoyan a las tres enfermedades y vitorean a una persona adulta que pesa 35 kilos, padece amenorrea y tiene la garganta destrozada por los vómitos, entre otros síntomas, y al mismo tiempo aplauden a personas cuyo corazón tiene que bombear sangre como si tuviera tres cuerpos que abastecer, sus articulaciones se despedazan a diario y tienen que andar en silla de ruedas para trasladarse una cuadra y que no sea de noche cuando lleguen a la esquina.

Es hasta increíble que en la era en la que cualquiera puede acceder a la información acerca de las graves consecuencias que tienen estas enfermedades, no sólo no hayamos acabado con los infelices que apoyan la anorexia como si fuera una dieta, sino que además tenemos que enfrentarnos a que ahora “defienden” la obesidad mórbida, so pena de juzgarte “discriminador” si cuestionás el enfermizo post.

Y no es lo mismo “de talla grande” que tener unos kilos de más, estar gordo que padecer obesidad.

A mayor “kilos de más”, mayor el riesgo de contraer dolencias, enfermedades jodidas y hasta de morir.

Sólo un idiota aplaudiría a un enfermo de cáncer de pulmón que se jacta de cuántos paquetes de cigarrillos se baja por día.

Sólo un imbécil apoyaría a alguien con cirrosis que se ufana de cuántas botellas de vodka consume a diario.

Y sólo una sociedad cada día más boluda e idiotizada por la ridícula exageración ideológica de estos tiempos es capaz de ovacionar y hasta alentar a alguien con obesidad mórbida que se muestra orgulloso comiendo como un cerdo.

Con los avances tecnológicos que fomentan el sedentarismo y el boom de la comida chatarra el porcentaje de niños obesos está creciendo en forma alarmante desde hace años.

Tenemos de dejar de fomentar que la obesidad mórbida sea vista como “una forma de ser”.

Tenemos que dejar de aplaudir y alentar a gente que necesita ayuda para tomar conciencia y pasar a la acción en pos de sanar en lugar de regodearse en su patología.

Porque aun cuando fuera cierto que la belleza viene en todos los tamaños,
lamento decirles que la salud no.

Y si no comprendemos que la obesidad es un trastorno de salud grave, pues mucho más lamento decirles

que también nosotros

estamos enfermos de gravedad…

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

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