MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

21-03-2019

Carta de un macho al que cree que es

Carta de un macho a uno que cree que es

Ser un verdadero hombre requiere trabajo. Ser un verdadero macho, aún más.

El autor

Sepan disculpar la agresividad desplegada aquellas mujeres que lean la carta, pero esto es “cosa de hombres”. Y cuando la pelea es entre hombres, no nos diferenciamos mucho de los orangutanes.

Aquí mi carta...

A vos te hablo, infeliz. Sí, a vos, que te creés macho y no tenés idea de qué es serlo.

Sabés cuándo empezó esto? Cuando en la época de las cavernas había que traer el alimento y ese alimento era un oso al que había que matar. Ahí había que ser macho, imbécil. Cuando la diferencia física era aprovechada por toda la familia. Porque mientras el macho iba por comida, la hembra pelaba la vida que lleva en las tetas y amamantaba a la cría.

Pero los tiempos fueron cambiando y ser macho cobró aún más sentido.

Porque macho es el bombero que se mete en medio de una casa en llamas, se juega la vida y rescata a los que están acorralados por el fuego.

Macho es el soldado que fue al frente en una guerra para parar a un hijo de puta mesiánico que estaba destrozando el mundo.

Macho es el policía que se juega las pelotas para proteger tu culo, pedazo de infeliz.

Macho es el rescatista que se expone al riesgo de muerte para traer a otro ser humano de vuelta a la vida. O a un perro. O a un gato.

Eso es ser macho.

Macho es el tipo que se levanta a las 4 de la mañana y va a cargar bolsas al puerto, como decía mi abuelo.

Macho es el que baja reses en las carnicerías para que vos puedas comerte tu asadito, el recolector que levanta tu basura para que cuando vos te levantes la calle esté limpia, el obrero que ensambla el auto que manejás…

Hasta acá, vas a estar de acuerdo conmigo. Porque sos tan boludo que creés que sólo esos son machos.

Y sabés qué, zorete de cuarta?

No hace falta tener trabajos peligrosos o desagradables para ser macho. Se puede ser bancario y ser macho. Se puede ser mozo en un restaurante y ser macho. Se puede ser peluquero y ser macho. Y mirá lo que te voy a decir, estúpido: se puede ser gay y ser macho.

Porque macho no es cualquier hombre. Macho es algo que hay que ganarse, porque no viene la garantía impresa en la pistola que te cuelga, pelotudo.

Macho no es el tipo que no llora cuando está triste. Macho, realmente macho, es aquél que sigue laburando mientras llora. Que se seca las lágrimas cada 5 minutos, pero que no deja de laburar porque quiere llevar su parte para el “pan” diario.

Macho es que sabe usar el puño para defender a su “cría” si hace falta, pero que con la misma mano puede acariciar a esa cría como si sus dedos fueran plumas.

Macho es el tipo que respeta a su hembra, a su compañera. Macho es el que protege a su prole. Macho, infeliz de mierda, es el que se pondría en el camino de las balas por su familia.

Macho, realmente macho, es el que puede hacer todas las tareas que vos, pedazo de basura, llamás “de minas”. Porque el macho plancha delantales y prepara la comida, lava la ropa y hace las compras, barre y después pasa el trapo. Porque nada de eso le quita lo macho. Aun más, lo hace más hombre.

Y sabés por qué los machos estamos furiosos con los zoretes como vos?

Porque la palabra macho era algo que se llevaba con orgullo. Y vos la llenás de moretones cada vez que golpeás a una mujer, cada vez que le pegás a tus hijos.

Vos la transformás en algo a temer, cada vez que usás tu superioridad física para intimidar, para hacer sentir a una mujer la desprotección a la que está expuesta. Cuando debería seguir siendo algo que generara seguridad, cuando debería seguir siendo algo en lo que la mujer pudiera “descansar”.

Los machos estamos furiosos con los mierdas como vos porque la manchan con sangre cada vez que matás a una mujer. Vos sos el directo responsable de que la palabra “macho” se asocie a muerte, cuando en realidad los machos, los realmente machos, usamos la testosterona para proteger la vida, no para aniquilarla.

Vos prendés fuego a la palabra macho cada vez que incendiás a tu pareja porque te quiere dejar. Cuando ser macho, cobarde de mierda, es bancársela si te deja. Es llorar lo que haga falta llorar y duelarla. Macho, realmente macho, es entender que no sos el mejor hombre del planeta y que aunque lo fueras, esa mujer es un ser humano que tiene el derecho a elegir lo que se le cante la argolla. Porque lo que es peor es que ésa que vos matás es la que te deja porque la insultás, la atemorizás, la intimidás y la golpeás y un día decide que no quiere más esa relación enfermiza. Ni para ella ni para sus hijos.

Y tu impotencia frente a lo que no podés controlar hace que la mates, antes de enfrentarte –como los machos hacemos– a que por muy “hombrecito” que seas, hay pilas de cosas en la vida que no podés controlar.

Los machos estamos enojados con las “fanáticas”, no te quepa duda. Pero sos VOS el responsable de ese fanatismo. VOS sos el hijo de puta que ha usado la diferencia física para ejercer poder sobre ellas. VOS, enfermo de mierda, sos el que las llenó del odio que hoy no las deja discernir.

Vos sos el que tomó por la fuerza lo que no puede conseguir por el camino de la seducción y violó el cuerpo y desgarró el alma de una mujer porque cometió el pecado de negarse a intimar con la poca hombría que seguro tenés.

Por imbéciles como vos los machos hoy ni podemos decirle a una mujer que no conocemos cuán hermosa nos parece. Porque vos, ante la impotencia de lo que no podrás disfrutar nunca, decís barbaridades en lugar de piropos. Que son insultos, que degradan, que hasta atemorizan.

Por pajeros como vos hoy los machos no podemos intentar conocer a una mujer que nos resultó atractiva por la calle porque nunca entendiste la diferencia entre proponer y acosar a alguien por cuadras, cortándole el paso, acorralándola, haciéndola sentir incómoda y desprotegida.

Por babosos asquerosos como vos hoy no podemos ni mirarlas. Porque jamás comprendiste la diferencia entre recrear el ojo ante una “obra de arte” y jadear como un animal en celo.

Por energúmenos como vos hoy se confunde ser macho con ser machista.

Vos no sos macho, pedazo de forro. Vos ni siquiera sos hombre. Vos sos un cobarde de la peor calaña que puede haber.

Sos vos el acosador, abusador, maltratador, golpeador, violador y asesino. No los machos. Los machos somos fuertes cuando hay que serlo. Los machos usamos la diferencia hormonal para bien. Para proteger, para cuidar, para defender a las mujeres de enfermos como vos.

Vos sos una mierda que hay que desterrar, sos el gasto inútil de escasos recursos naturales, sos el despilfarro del oxígeno que consumís durante tu miserable vida.

Rogá porque logremos como sociedad alguna forma de orden para que vos dejes de hacer lo que hacés.

Porque si eso no pasa los machos,

los realmente machos,

vamos a salir a cazarte como la bestia que sos…








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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

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