MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

24-01-2019

Soy hombre. Y qué.

Soy hombre y que

Hay algunas personas tan adictas a la exageración que no pueden decir la verdad sin mentir.

Josh Billins

No es la única nota que voy a escribir al respecto. Es tan “Siglo 21 cambalache” el que estamos viviendo que necesitaría una enciclopedia dedicada a estos temas para poder explicar mis puntos de vista. Es tal la galleta que estamos armando que me ha llevado meses (y todavía no lo logro del todo) separar los “ítems” de un “merengue en el que vivimos todos revolcaos y en un lodo en el que estamos todos manoseaos”.

Bien, vamos con “nos están matando / #NiUnaMenos”…

0,00002 por ciento es porcentaje de hombres asesinos que mataron mujeres en un año en Argentina. Es la única cuenta que voy a hacer, porque la idea no es atosigar ni manipular con números sino plantear qué es lo que estamos generando como sociedad cuando utilizamos discursos tendenciosos.

Cómo llegué a este número? Fácil.

Muere una mujer cada 30 horas en Argentina (cabe aclarar que muere un hombre cada 3 horas y media). Eso da 292 mujeres en un año.

Hay 34 millones de votantes en el padrón electoral, o sea, en edad como para matar. Un poco menos de la mitad son hombres, digamos, 15 millones.

Por lo cual hay CATORCE MILLONES NOVECIENTOS NOVENTA Y NUEVE MIL SETECIENTOS hombres que NO mataron a una mujer.

Si le restamos a ese número los 2700 asesinos hombres que mataron hombres, nos quedan 14.997.000 hombres que NO MATARON A NADIE. Hombres, no asesinos.

Qué pasa? TRESCIENTAS mujeres me parece poco? DE NINGUNA MANERA. Y DOS MIL SETECIENTOS hombres tampoco me parece mucho? Nueve veces más “de ninguna manera”.

Pero lo que me parece una barbaridad es que digamos disparates como “nos están matando”. Porque el sujeto tácito de “nos están matando” es… “los” hombres. Ellos. Sin ningún lenguaje inclusivo que lo disimule. Ellos. LOS hombres. Todos.

Por otra parte, nunca se supo que “los hombres” se llamen por teléfono y se pongan de acuerdo para salir a matar mujeres. No hay una logia dedicada a agrupar asesinos de féminas. Hay 300 hijos de puta por año que desprecian la vida de un ser humano de sexo femenino y acaban con ella por los más diferentes motivos, pero ninguno pertenece a un club de asesinos de minas ni forma parte de un partido político dedicado a exterminar al sexo femenino y sacarlo de la faz de la Tierra. Son zoretes que actúan en forma independiente unos de otros. Un hijo de puta mata a una mujer en Villa Soldati y a las 30 horas otro hijo de puta mata a otra mujer en Barrio Norte. Pero no hay ninguna conexión entre ellos. Ninguna.

Pero cuando decimos “nos están matando” en el marco de una “cultura machista” impuesta por el “heteropatriarcado opresor” parecería que hay un Hitler que comanda un ejército de xy cromosomáticos que creen que hay que acabar con el sexo femenino y que han comenzado un genocidio sexista.

Cuando muere una mujer, hay un novio o marido (porque no siempre el que la mata es el marido o el novio), tíos, abuelos, hermanos, hijos, sobrinos y amigos que sufren esa muerte. Que la lloran. Que están mucho más dañados que los preocupados intelectuales que han creado esta idea de que “los” hombres están matando “mujeres”. Así, a mansalva.

Por otra parte, si le hubiesen preguntado a Hitler por qué mató a fulano, habría contestado “por judío, por inferior, porque contamina la pureza de la raza aria”. Pero si le preguntáramos a cualquiera de estos hijos de puta que mataron a su mujer o a su novia, jamás contestarían “por mujer”. Se justificarían en que la mina era una hija de puta que lo engañó o una maldita que lo abandonó y no entendía que tenía que volver con él. Un disparate más grande que el otro, pero en ningún caso el asesino en cuestión diría que la mató porque es mujer y que hay que aniquilar a las mujeres del mundo. Esa mierda no sale al día siguiente a seguir con su tarea de terminar con las mujeres. Ese hijo de puta “se da por satisfecho”: mató a “la yegua” y listo. Se acabó la historia.

Por lo cual, insistir con “nos están matando”, como si los hombres nos hubiésemos puesto de acuerdo para hacerlo, no sólo es una injusticia monumental para con más de 14 millones de hombres, sino que incluso es una tremenda falacia para los 300 hijos de puta que sí mataron a una mujer.

Ahora bien, qué se logra cuando repetimos “nos están matando”? Baja la cantidad de asesinatos? No. Se puede prevenir esas muertes? Tampoco. (Y no, no se puede. En otra nota voy a intentar explicar por qué.).

Sólo se logra generar un pánico tal que no contribuye en nada. Se va gestando una enemistad de la mitad de la población con la otra mitad. Paradójicamente, lo único que se logra es que el sector de la sociedad para el cual se reclama el derecho a caminar sin miedo, tenga mucho más miedo. Se aterre cuando se cruza con un “hombre”, cruce de vereda si son dos y salga corriendo si son más.

Pasamos de reclamar más seguridad a reclamar seguridad para sólo un sector de la población, dejando afuera a nada más ni nada menos que la otra mitad. En la cual mueren NUEVE veces más personas a causa de asesinatos.

Y se enojan cuando alguien comparte el #NadieMenos? Por? No valen esas vidas lo mismo? La existencia de una mujer es más importante que la de un hombre? Que la de un niño? Que la de un anciano? Parecería que sí. Parecería que la sociedad debe avocarse exclusivamente a #NiUnaMenos y que “los” hombres nos jodamos. Por asesinos. Por hijos de puta. Por violentos. Todos.

Cuando he hecho comentarios como éste en algún blog he recibido respuestas que van desde “otro machirulo lloriqueando” hasta “las mujeres vivimos muchos años oprimidas, jodete si ahora te toca a vos”, pasando por tildarme de “misógino”, “machista” y hasta “potencial asesino”. Una pinturita de “no violencia”…

Parecería que mi derecho a caminar por cualquier lado a cualquier hora sin que me maten por ello no vale. Porque soy hombre. Y como tal, potencial asesino de mujeres. Así que nadie va a marchar por mi muerte porque pertenezco a la mitad de la sociedad que conformamos los hombres y estamos demasiado ocupados en proteger a la otra mitad, a la cual claramente no pertenezco.

Soy hombre. Y qué. Sólo en Argentina hay 14 millones más como yo.

Y no, no es lo mismo ser derecho que traidor, no es lo mismo un burro que un gran profesor.

Y no es lo mismo, por mucho que les pese a las fanáticas misándricas y andrófobas, ser hombre que ser asesino.

No nos vamos a sentar en el banquillo de los acusados.

Porque igualarnos a todos los hombres a partir de un discurso falaz y tendencioso es,

realmente,

un atropello a la razón…








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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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