MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

13-02-2020

Carta abierta a indefensos y protectores

Carta abierta a indefensos y protectores

Desconfía de los sobreprotectores. Porque ellos te necesitan indefenso.

El autor

Que alguien me diga cuándo, por el amor de Dios, cuándo nos convertimos en frágiles mentales, debiluchos de carácter e hipersensibles necesitados de eterna protección parental.

Que alguien me diga cuándo, en nombre del Universo, dejamos de ser adultos y nos convertimos en amebas indefensas que nada pueden hacer más que reaccionar frente a los estímulos externos.

O es que Internet reveló una media mundial de autoestima que apenas levanta del piso y unos cuantos hijos de puta están tomando ventaja de eso?

Con la llegada de Internet a nuestras vidas obtuvimos la voz que hasta ese momento estaba reservada a periodistas, figuras públicas y reconocidos ciudadanos.

TODOS pudimos comenzar a decir. A decir qué? Lo que se nos cantaran las pelotas. Una de las maravillas de los tiempos actuales.

Pero al mismo tiempo comenzó a manifestarse la voluntad totalitaria de mucha gente. Gente que cuando no le gusta lo que decís busca la manera de callarte.

Y así, amparados en media docena de términos que hoy usamos hasta el hartazgo, tales como empatía, inclusión, diversidad, bullying y otros tantos, comenzaron a florecer los ofendidos.

Y parece ser que los ofendidos son además gente indefensa a la cual vos destruís si opinás algo que los ofenda. Gente a la que vas a hundir en la más profunda depresión con tus palabras. Gente que se va a suicidar si tu comentario le “toca el culo” de alguna manera.

Con ese argumento, comenzó la lista de cosas que NO PODÉS decir. Una lista que no para de crecer. Una lista que los medios de comunicación (Facebook, Twitter, Instagram y otros) son los que van decidiendo, acorde a su agenda política, cuáles son los temas sobre los que tenés que estar de acuerdo o callar.

Y así, si yo digo que hay que despellejar al tipo que golpeó a su mujer y torturarlo cortándole un dedo por día y dejando que se desangre hasta morir en su propia mierda, nadie me detiene, por más violento que sea mi comentario.

Pero si digo que estamos haciendo apología de la gordura y me parece que eso no es sano, así, suavecito, sin ninguna agresión mediante, me transformo al instante en gordofóbico y asesino de todos los excedidos en peso a los que voy a matar con mi opinión. Y entonces borran mi comentario y me castigan por 24 horas, quitándome toda posibilidad expresarme, como me pasó en lo personal a partir de un chiste.

Y si insisto con estos comentarios que parece que provocarán suicidios en masa hasta de aquellos que tengan pancita, directamente me quitan la cuenta y me proscriben.

Ya está. Este tipo no habla más.

Y una caterva de idiotas aplaude y festeja la medida. Porque ahora “los gordos” están protegidos de mi ametralladora verbal.

El problema es que cuando vos sobreprotegés, quitás toda posibilidad de generar defensas. Por lo cual, cada vez que lográs que no llegue al indefenso lo que vos creés que lo va a derrumbar, lo hacés más indefenso, menos preparado para valerse por sí mismo.

Y eso no está bueno.

A menos que eso sea lo que querés…

Hoy parece que nadie puede soportar nada. Parece que si sos pelado y alguien hace un chiste sobre pelados, eso solo te va a despedazar de tal modo que no te quedará energía ni para comer y morirás de inanición en una oscura habitación y en la soledad más infame.

Si ése es tu caso, revisá por qué te exponés.

Alguna vez, cuando mi hija mayor era chica me dijo que le molestaba que yo la retara en público. A lo cual le contesté que si era así, ella tenía todo el poder de su lado para que eso no pasara. Lo único que tenía que hacer era no hacer cagadas en público.

Si no soportás que te critiquen, no opines, no subas fotos, no escribas, limitate a usar las redes para la infinidad de cosas que también sirven, más allá de para recabar likes en busca de una autoestima que de todas maneras no vas a conseguir por ese lado. Dejá de correr el riesgo de que ante la ausencia de un “me gusta” o peor, frente a la crítica de alguien, te desmorones como una pila de arena al primer golpecito de agua. Y no pretendas que el mar se transforme en una pileta porque vos no soportás las olas.

Porque sabés cuál es la verdad? No sos una endeble pilita de arena. Sos un totalitario de mierda que se escuda en la supremacía moral dominante para callar a aquellos que opinan diferente. Sos un milico de alma, que ante la impotencia de no poder controlarlo todo, decidís “asesinar” a aquellos que se rebelan quitándoles la posibilidad de hablar.

Poné los huevos sobre la mesa. Llamame misógino, machista, imbécil, hueco, tarado, insensible, hijo de puta y todo lo que se te ocurra. No me molesta en lo más mínimo. Y bancate la que venga de mi lado. Que si lo fundamentás, probablemente te conteste y debatamos sobre el tema que sea, única forma de crecer como sociedad.

Y si sólo querés putearme, pues date el gusto, que yo paso de vos y sigo mi vida.

Pero no vas a derrumbar mi autoestima ni conducirme al suicidio. Porque ése es el falaz argumento que usan los débiles para pasar de “victimas” a victimarios. Ése es el discurso que vos usás para callarme.

Tenemos que empezar a pensar qué sociedad queremos construir.

Si dejamos que sigan sobreabrigando a nuestros hijos, “protegiéndolos” de cualquier brisita de mierda, sólo vamos a conseguir que todo el organismo social no tenga defensa alguna para bancarse el frío del invierno.

Y si seguimos permitiendo que totalitarios de mierda se amparen en la empatía, que es sólo con los que ellos quieren, la inclusión, que no incluye a los que piensen diferente, la diversidad, que no tolera la diversidad de opiniones y usen todas esas falacias para callarnos y así poder instalar su discurso sin fisura alguna, esos totalitarios van a terminar gestando una pandemia de neumonía del pensamiento.

Y lo único que habremos logrado como sociedad, como ya pasó incontables veces en la historia con cada gran “revolución”, es que todo cambie para que nada cambie.

Porque pasaremos de un mundo en el que unos pocos lo controlan todo, a un mundo en el que OTROS pocos lo controlen todo.

Pero esta vez no habrá quien pueda salir a la calle a pelear, porque todo el mundo estará metido en su casa,

calladito,

temiendo que el frío lo mate…








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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

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