MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

02-01-2020

La tiranía de las minorías

La tirania de las minorias

No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia.

Monstesquieu

Por ahí leí hace un tiempo un post que decía: “Twitter te hace pensar que sos sabio, Instagram que sos fotógrafo y Facebook que tenés amigos. El despertar va a ser duro.”

Y yo agrego:

Y las redes en general te hacen creer que podés quejarte y reclamar atención por cualquier estupidez. Y si la mayoría seguimos sin ver, el despertar también va a ser duro...

Quizás es la evolución social la que nos llevó a este punto. Entre tanto “colectivo”, no podía faltar el iluminado que creara los “micros”…

He visto una negra (perdón, una persona con ancestros africanos) quejarse vía Facebook porque la gente se sorprendía cuando ella decía que era española, porque eso es micro racismo.

He visto a minas (perdón, personas de sexo femenino) ofenderse por dejarlas pasar primero o intentar ayudarlas a levantar algo pesado porque eso es micro machismo.

He visto a otra negra (perdón de nuevo, una persona de sexo femenino de la cual no sé el origen porque era medio latina) increpar a un pibe con rastas porque en su comunidad tienen un significado determinado y él sólo las usa porque le gustan. Un escándalo a los gritos por parte de esta muchacha porque el muy hijo de puta estaba cometiendo el nuevo delito de micro apropiación cultural.

A ver…

Si mis abuelos paternos hubieran migrado a Japón y mis abuelos maternos también y mi madre y mi padre se hubieran conocido allí, yo sería segunda generación de japoneses. Menuda sorpresa se llevarían los ponjas cuando se los dijera siendo morocho, de tez trigueña, ojos oscuros y con una cara de latino al estilo Andy García que me caigo. No hay racismo en esa sorpresa. No seamos estúpidos.

A ver…

Cuando le abro la puerta a una mujer no es porque piense que ella no puede hacer la conexión neuronal para que su brazo la empuje. Es sólo una cortesía galante. No hay ninguna descalificación a ella en particular y mucho menos al sexo femenino en general. No seamos fanáticos.

A ver…

Si me comprara un sombrero mexicano para colgar en la pared, sería por el sólo hecho querer decorar la pared, y no estaría insultando a Pancho Villa por ello. Y por hacer este comentario no estoy estigmatizando a los mexicanos. Sólo estoy siendo sarcástico. No seamos boludos.

No puedo dejar pasar a una mujer porque eso sólo ya es machismo.
No puedo usar rastas porque es apropiación cultural.
Ni siquiera puedo sorprenderme si el chino de súper me dice “termo” en lugar de “telmo” porque eso sería racismo.

Con esta ridícula lógica me voy a enojar con los indios (perdón, con los pueblos originarios) porque usan jeans y se apropiaron de mi cultura. Y a la negra (perdón de nuevo; qué racista de mierda soy) del video le voy a decir que ande en pelotas porque en su cultura original nadie iba vestido y ella se apropió hasta de los corpiños de mi cultura. Y si alguna de mis hijas me deja la plancha de los bifes para que sea yo quien la lave porque es muy pesada y difícil de manejar con una mano, la voy a azotar por machista.

La media mundial de autoestima debe apenas superar el piso. Es la única explicación que encuentro a esta desesperación por protagonismo social. Algo que en un principio sólo se traducía en hombres y mujeres dándole a la selfie en poses dignas de celebridades de la pantalla grande. Pero que ahora ha degenerado en este tsunami de reclamos cada vez más boludos.

En Yale, una de las universidades más prestigiosas de EEUU, se armó flor de kilombo porque cuando se acercaba la fecha de Halloween, desde las autoridades bajaron línea vía mail a los estudiantes acerca de qué disfraces estaban bien y cuáles no.

Y con quién se enojaron los estudiantes? Estos estudiantes repletos de guita como para poder pagar 40 mil dólares al año? Estos estudiantes privilegiados desde el maldito día en que nacieron en cuna de oro? Con quien se enojaron estos muchachitos?

Con esas autoridades idiotas que pretendían decidir qué estaba bien y qué mal a la hora de disfrazarse? Con esos imbéciles que en un país democrático pretenden imponerle a los jóvenes su propia ideología?

No, para nada. Se enojaron, al punto de que tuvieron que terminar renunciando, con un matrimonio de profesores de la universidad porque la mujer escribió un mail en respuesta a las autoridades en el cual defendía los derechos de los estudiantes a disfrazarse de lo que se les cantaran las pelotas y ovarios, respectivamente. De TODOS los estudiantes.

Pero qué jóvenes pueden ser tan pelotudos como para enojarse con alguien que está defendiendo los derechos de ellos mismos?

Los “no blancos”. Donde en la categoría “blancos” entran los yanquis pero también entro hasta yo, que de estereotipo de “blanco” no tengo un pelo pero que no pertenezco a ninguna comunidad en especial.

Y por qué, por el amor de Dios, se enojaron los no blancos?

Porque según ellos, ella estaba fomentando los estereotipos que ofendían a las comunidades de negros, hispanos y caperucitas rojas.

A ver…

Repasen mentalmente de qué se han disfrazado alguna vez y verán que es posible ofenderse hasta cuando lo hiciste de Einstein, porque estarías ninguneando a la comunidad científica. Y si alguna vez te disfrazaste de soldado, pues estarías ofendiendo a los miles de caídos en guerras. De rabino, a los judíos. De cura, a los católicos. Y de Blancanieves.., no sé, pero son siete, seguro que alguno de los enanitos es lo suficientemente pelotudo como para ofenderse.

Nosotros, los que tenemos la “desgracia” de no pertenecer a ninguna minoría ni grupo social oprimido, estamos pasivamente dejando que el mundo sea un lugar cada vez más ridículo. Lo que no sería un problema si no fuera porque estamos permitiendo que se comience a legislar la estupidez. Estamos permitiendo que en nombre de la justicia se cometan los más atroces atropellos a las más básicas libertades individuales, desde qué puedo decir y qué no, hasta de qué me puedo disfrazar y de qué no.

Si queremos evolucionar como sociedad vamos a tener que aprender a incluir y respetar. Pero si queremos que esa evolución sea en serio y no un camino a la cúspide de la idiotez, también vamos a tener que aprender a poner límites a esta horda de hipersensibles de todas las edades, pero todos con actitudes de adolescentes prepotentes.

Porque si seguimos dejando que esto pase mientras nos quejamos sin hacer nada para poner freno a la imbecilidad reinante, discúlpenme que les diga que,

en ese caso,

los imbéciles seremos nosotros…








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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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