MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

26-11-2021

Una cuestión de peso

Una cuestion de peso

Naturalizar una enfermedad es consolidarla. Romantizarla es aun peor. Porque es fomentarla.

El autor

Vivimos en un contradictorio y extraño mundo de Jack en el que depilarse está mal porque no es “natural” y esto lo dice una chica que seguramente padece de una transmutación genética por la cual le salen piercings por todos lados, tiene tatuajes de nacimiento y heredó el pelo de color rosa de la madre, como leí por ahí.

Tan raro es este mundo que la gente no sólo se siente orgullosa por logros alcanzados, sino que también lo hace por cosas como tener estrías, según he visto en un comercial televisivo.

Y en este distópico mundo en el que reina la empatía, y la normalización y la naturalización dictan el comportamiento a seguir, se han hecho avances increíbles en medicina. Hay muchas enfermedades que han desaparecido por completo...

No hay más Hirsutismo, hay reivindicación de un desarreglo hormonal que podría esconder problemas mayores que tener pelos en lugares atípicos.

No hay más Vitiligo, hay diversidad de pieles que esperan incluir pronto la psoriasis para completar el abanico de posibilidades.

No hay Obesidad mórbida, hay talla grande.

Y de la Anorexia y la Bulimia, ya ni siquiera hay quien hable. Se ve que ya no es un problema en esta sociedad de avanzada.

Todo ha sido resuelto gracias al rayo naturalizador que transformó la campana de Gauss en una línea recta donde todo es “normal”, donde no hay más extremos que salgan de la norma, de lo más frecuente.

La verdad es que nadie muere de Vitiligo y los problemas hormonales del Hirsutismo no revisten, en la infinita mayoría de los casos, gravedad alguna.

Así que, si bien no es mera “diversidad” de pieles, no hay nada que decir e incluso mucho que aplaudir cuando una persona con esa enfermedad luce su cutis sin tapujo alguno.

Lo mismo pienso acerca del Hirsutismo. Si una chica quiere sentir que hace una cruzada ideológica y se deja la barba o los pelos en el pecho o la espalda para ir contra “el Sistema”, adelante. No jode a nadie. Mucho menos a ella misma.

Pero cuando se trata de cuestiones “de peso” y la vida está en riesgo, tiendo a creer que, para variar, nos estamos yendo al carajo.

Cuando después de 40 años de represión franquista llegó el histórico “destape español” les faltó hacer “Hamlet” en pelotas, que no tiene desnudos en su trama, pero como ahora se podía…

Con el tiempo, esa primera reacción social se fue acomodando y se encontró un equilibrio en el que los desnudos quedaron enmarcados en las obras de teatro o películas en las cuales tuvieran algún sentido en la historia a contar.

Pero cuando pasamos de luchar con la romantización de la delgadez extrema de los años 2000 a llamar “diversidad” de cuerpos a la Obesidad mórbida, estamos jugando con fuego.

Y cuando esa misma sociedad lucha con una Obesidad infantil en constante crecimiento y trata de educar en la salud, insistiendo en mejorar la alimentación contra la que atenta la comida chatarra, pelea con el sedentarismo que provocan la TV, los celulares y computadoras y compele a actividades al aire libre, “flaco” favor nos hacemos cuando al mismo tiempo “naturalizamos” la Obesidad mórbida al punto de romantizarla o, como he llegado a ver en las redes, se llega al extremo de manifestar orgullo.

Hace muchos años, cuando la publicidad de cigarrillos estaba permitida, fumaba Particulares 30. Una marca de cigarrillos cuyo slogan era “El sabor de lo NATURAL”.

Es lógico que una tabacalera que quiere vender sus productos los presente como una maravilla, tal como pasa con las publicidades que sí están permitidas: alcohol en todas sus variantes, comida basura, productos repletos de azúcar y demás mierdas que consumimos.

Pero si como sociedad vamos a romantizar clavarse un paquete entero de Pringles porque estás siendo vegetariano al comer papas con gusto a cebolla, si romantizáramos el alcohol al punto de decir que ser alcohólico es parte de la diversidad de formas de mirar el mundo o romantizáramos al tabaco y pretendiéramos que EPOC es una forma distinta de respirar, una vez más, nos estaríamos yendo al carajo.

Vamos a poner algo en claro.

Los motivos por los cuales pueda cuestionar la Ley de talles nada tienen que ver con el derecho de las personas gordas a poder usar prendas tan lindas y a la moda como cualquier otra persona.

Las personas anoréxicas, con obesidad mórbida o cualquier otra ENFERMEDAD que altere el aspecto físico, tienen el absoluto derecho a vestir como todos.

Y por lo mismo, tienen el mismo derecho a poder ver cómo les quedarían esas prendas, por lo cual, agradezco a la evolución del pensamiento social que hoy haya modelos de todos los talles y aspectos físicos posibles.

Peeero…

Si veo a una anoréxica pretender venderme que ella no sólo no está preocupada por su estado de salud, sino que está orgullosa de pesar 30 kilos, pues pienso que tiene dos problemas: su anorexia y una negación brutal (que incluso es parte del cuadro psíquico de esa enfermedad) que la acerca más a la posibilidad de morir.

Lo mismo, exactamente lo mismo, pienso de aquellas personas con Obesidad mórbida que se muestran comiendo como animales y exhiben su monumental sobrepeso como si fuera una conquista.

Y si como sociedad apoyamos esos comportamientos desconectados de la realidad, no sólo “naturalizándolos” sino llegando al punto de romantizarlos, no los estamos ayudando ni un poquito, porque no hacemos otra cosa que poner nuestro grano de arena para empujarlos al abismo.

Naturalizar no es pretender que “acá no pasa nada”, que “es sólo otra forma de vivir” o que todo es “diversidad”.

Naturalizar es no tratar a esas personas como si fueran monstruos, no discriminarlos por el aspecto físico que puedan tener, mucho menos agredirlos.

Así como no tendría ninguna lógica tratar como el culo a alguien porque tiene cáncer, no tiene razón de ser maltratar o reírse de otro ser humano que padece una enfermedad.

Pero si un tipo con cáncer de pulmón se muestra por las redes orgulloso de prender un cigarrillo detrás de otro, créanme, no pienso apoyarlo NI UN POCO.

Quisiera saber qué siente una persona que lucha con su obesidad, que padece la enorme cantidad de problemas que eso le trae y que convive con el miedo a morir cuando ve a un tipo que pesa 250 kilos mostrar su gigantesca panza mientras come como un cerdo sonriendo.

Perdónenme, pero la empatía la siento con el primero.

Discúlpenme, pero el “me gusta” se lo pondría al que sufre si llegara a comentar insultando a los “empáticos” que aplauden esos posts como los grandes naturalizadores que son...

...

Durante años, ésos en los cuales no se comprendía que la obesidad es una ENFERMEDAD, los “gordos” han sido víctimas de cargadas, desprecios y hasta agresiones.

Es lógico que en la era del “destape normalizador” haya una reacción exagerada.

Pero de eso hay que volver rápido y encontrar el punto de equilibrio.

Porque del desmán exhibicionista se puede volver,

pero según las malas lenguas,

de la muerte, no…

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

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