MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

10-10-2019

Y van a seguir muriendo

Y van a seguir muriendo

Incluso pensar equivocadamente es mejor que no pensar.

Hipatia de Alejandría, filósofa griega

Cuando cursaba mi carrera de Psicología hice un pequeño y modesto experimento. Me acercaba a la gente, extendía mi mano y abría y cerraba el puño constantemente, al tiempo que les decía: “Hagamos de cuenta que mi mano moviéndose es un problema. Hacé que la mano pare de moverse así lo solucionamos”.

Todos, sin excepción, me cubrían la mano con la suya e intentaban apretarla hasta que no pudiera moverla más. Algo virtualmente imposible tengas la fuerza que tengas...

Cuál era el truco? La mano no se mueve sola. Si me hubieran dicho “Pará de mover la mano” hubiesen obtenido el resultado buscado. O incluso si hubieran querido elegir un camino violento, habría bastado con dormirme de un trompazo.

Con sólo detenerse un minuto a pensar dónde estaba el origen del “problema”, se hubiesen dado cuenta de que el conflicto partía del cerebro y casi sin gasto de energía hubiesen podido solucionarlo.

Por esa puta costumbre (como diría Cacho Castaña) de buscar siempre el camino más fácil es que nunca llegamos a ningún lado.

Cuando se plantea un problema social esa puta costumbre se manifiesta en la rapidez con la que encontramos “la” respuesta que todo lo explica.

Más allá de lo que pueda romperme las pelotas la generalización que me involucra, es eso lo que hemos hecho con la violencia doméstica (no, no la voy a llamar “de genero”).

Porque ya decidimos que el problema es que los hombres existen. Y son ellos, sólo por su condición cromosomática, los que golpean y hasta matan a sus mujeres también por su sola condición cromosomática. O sea, los hombres matamos mujeres porque son mujeres, tan sencillo como cuando Hitler mataba judíos sólo porque eran judíos.

Y ya está. Listo.

Ya sabemos la causa, ahora pasemos a las soluciones, todas apuntadas, como es lógico, a defendernos de la condición masculina, ya que como hemos “demostrado”, es ésa la causa de todos los males.

Y así generamos botones antipánico, refugios para mujeres golpeadas, comisarías de la mujer, línea telefónica y demás “soluciones” que es hora que nos preguntemos por qué no logran no digo resolver, al menos mejorar el problema.

Porque siguen muriendo mujeres a mano de sus parejas y ex. Sigue habiendo mujeres abusadas física y mentalmente.

En mi “molesta” opinión el fracaso absoluto se basa en dos pilares, uno mucho más grave que el otro.

Por un lado, insistir con que “los hombres están matando mujeres porque son mujeres” es una barbaridad intelectual que se cae al momento de dejar los fanatismos y darse cuenta que si fuera así, el tipo que mató a su ex, seguiría matando mujeres con las cuales no necesariamente estuviera vinculado. Y no es lo que hace. Como ya escribí alguna vez, ese hijo de puta se da por “satisfecho” cuando mata a su mujer o ex.

La realidad es que la golpea, maltrata o hasta mata por motivos ridículos todos pero ninguno es que es mujer. La golpea, la maltrata y hasta la mata porque lo engañó, porque lo dejó o simplemente porque no hizo lo que él quería.

Ni siquiera los asesinos seriales que mataban exclusivamente mujeres lo hacían porque fueran mujeres. Las asesinaban porque se parecían a una mujer que los había dañado, o porque eran prostitutas o por la característica que fuera, pero en ningún caso el motivo de su raid de muerte era porque eran mujeres.

Lo que nos lleva a la segunda graaaaan explicación: los hombres golpean, maltratan o hasta matan mujeres porque son hombres. Y eso es lo que los hombres hacen. Van por la vida maltratando, golpeando y matando mujeres. Porque así son. Ésa es su esencia.

Otro argumento que se va al carajo cuando vemos los millones de hombres que no maltratan, ni golpean ni mucho menos matan mujeres (en realidad, no lo hacen con nadie).

Cuál es el problema entonces?

Justamente el modo en que sacamos conclusiones sin el más mínimo sustento racional. Sin bancarnos que la mano se está moviendo. Sin detenernos a tratar de ver dónde está el origen del problema.

Porque cuando uno mete respuestas, lo primero que pasa es que no se hace más preguntas. Y con esa actitud se aleja de poder comprender lo que realmente pasa y por ende, de tener alguna chance de encontrar una solución.

Nadie está estudiando si hay alguna relación entre violencia y alcoholismo, entre violencia y drogadicción, entre violencia y nivel sociocultural o entre violencia e historia personal, a pesar de que vemos muchos casos en los que el alcoholismo, la drogadicción, el nivel socio cultural y la historia personal están más que presentes.

Pero no nos preocupamos por tratar de ver si hay alguna relación entre estos factores porque eso lleva tiempo y ya sabemos que no hay más porque en nuestro país muere casi una mujer por día. La mano se mueve y hay que pararla. Y hay que hacerlo ya.

No logramos una mierda y sigue habiendo tipos que maltratan, golpean y hasta matan a sus parejas o ex parejas, pero insistimos en apretar el puño mientras de ese puño siguen cayendo mujeres al piso.

Hagamos un subte sólo para mujeres aunque eso no prevenga que el tipo esté esperándola en la estación, generemos órdenes de restricción como si esos enfermos fueran a respetarla, pongamos el doble de penas para cuando son ellos los que asesinan como si esos desquiciados tuvieran miedo a las consecuencias… todas “apretadas de puño” que a las claras no sirven para absolutamente nada.

Los índices no bajan ni un poco.

Ni hablemos de la pretendida abolición de la presunción de inocencia de la mano de querer elevar a rango de ley el #yoSiTeCreo. Donde el remedio es peor que la enfermedad.

No son buenas medidas generar comisarías de la mujer? Y… es más rápido que educar a la policía para que se tome en serio las denuncias. No importa que en las comisarías generales haya mujeres policías. Cuando abrimos comisarías específicas para la mujer nos sentimos que estamos haciendo algo. Aunque la realidad sea otra.

No es bueno que haya casas de refugio? Para un mientras tanto, puede ser. Pero a menos que decidamos transformar esas casas en cárceles para víctimas, la protección va de ilusoria a nula.

No es bueno que haya una línea telefónica especial para estos temas? Que se las provea de botones antipánico y que se dicten medidas de no acercamiento?

Que quede claro:
Es bueno que haya comisarías de la mujer.
Es bueno que se dicten órdenes de restricción.
Es buena la línea telefónica especial y los botones antipánico.

Pero si seguimos siendo tan boludos creyendo que con esas medidas estamos atacando la raíz del problema cuando en realidad sólo estamos podando el arbolito, la violencia doméstica va a terminar siendo un poderoso bonsai.

Si seguimos creyendo que lo que hay que hacer es “apretar más fuerte el puño” sólo vamos a terminar agotados de tanta energía gastada inútilmente.

Y si seguimos buscando soluciones rápidas para un problema tan complejo como la violencia doméstica lo único que va a pasar es que no vamos a resolver nada y esas mujeres,

ya condenadas aunque aún no lo sepan,

van a seguir muriendo…








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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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