MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

03-01-2019

Tengo una mala noticia: tampoco es de casualidad...

Tengo una mala noticia

Desmoralizar al enemigo desde adentro, por sorpresa, terror, sabotaje, asesinato.
Esta es la guerra del futuro.

Adolfo Hitler

Si pudiéramos hacer una profundísima autopsia de este dictador en una mesa, y en la de al lado y al mismo tiempo hacer el mismo procedimiento médico con Ghandi, llegaríamos a la más inevitable, contundente, brutalmente obvia y demoledora conclusión: ambos son seres humanos.

Deprimentemente iguales...

El primero, sin duda una de las aberraciones más grandes de nuestra especie; el otro, unos de los símbolos de lo mejor que ha apoyado sus pies sobre esta Tierra. Pero igualitos en su condición de humanos. Y, tal como el título denuncia, no es de casualidad.

Porque exactamente lo mismo pasaría si intentáramos desesperadamente encontrar las diferencias entre Stalin, Mandela, Mussolini y la Madre Teresa de Calcuta.

Siempre nos enfrentaríamos –llenos de orgullo en algunos casos y con inaplacables náuseas en otros– con una realidad indestructible: todos y cada uno de ellos son representantes de nuestra especie, esa que –en teoría–, está en la cima de la escala evolutiva.

Difícil de digerir... muy difícil...

Todavía un poco más difícil de tragar siquiera es aceptar que nosotros, toditos nosotros, –si bien con menos intensidad– somos traidores y leales, miserables y generosos, pacifistas y asesinos. Todos tenemos un Cristo dentro capaz de dar la vida por causas nobles y un Herodes capaz de mandar a matar chicos a mansalva para serenar nuestros miedos.

Es tan grande esta guerra interna, tan intolerable por momentos, que hemos inventado las categorías El Bien y El Mal, en un desesperado y fallido intento de poner afuera toda esta pesadísima contradicción del alma por momentos insoportable.

Y así, desde afuera y en una paradoja irresoluble, nos decimos frases como “Busca a Dios en tu interior”, busca dentro tuyo a ese mismo Dios que acabamos de poner afuera... y por supuesto, hagámosnos olímpicamente los boludos con el lado oscuro de ese Dios, al que bautizamos con el nombre de “El Mal” el día que escupimos a ambos fuera de nuestra frágil humanidad.

Todo lo que se niega, vuelve. Y vuelve en forma siniestra.

No aceptar nuestras miserias, nuestros hitlers interiores, nos aleja irremediablemente de cualquier real evolución –entendida como mejora– como seres humanos.

Porque ese enemigo interior, como bien dijo el hijo de puta, nos desmoraliza, nos toma por sorpresa, nos aterra, sabotea nuestras mejores intenciones y asesina cualquier sueño...

Busquemos a nuestro Dios interior y abracémoslo. Ok. De acuerdo.

Pero también busquemos a nuestro Satanás y abracémoslo más fuerte...

Mucho más...

Un poco más...

Todavía un poquito más...

En una de esas logramos asfixiarlo.

O al menos, tenerlo tan apretadito que apenas pueda moverse.

Sí, aún tendremos muchas más batallas por delante por ganar, pero habremos logrado el desembarco en Normandía.

Y entonces ése será,

como punto de partida,

nuestro “Día D” como especie...

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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