MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

01-08-2019

Mujeres necias que acusáis

Mujer necia

Si no puedes con ellos, aceptá la derrota.

El autor

Desde la época en que era el “cachorro” por ser el más joven de la sucursal del Banco en el que trabajaba fui y soy de los que piensan que ciertas actitudes del sexo masculino son de reales pelotudos. Bien pelotudos.

Porque ser suelto con las “malas palabras” no es lo mismo que ser grosero o “boca sucia”, como decía mi abuela. Se puede jugar con esas palabras que, como bien decía Enrique Pinti, son muy esclarecedoras, ya que cuando –por ejemplo– querés decir que alguien es realmente tonto, increíblemente tonto, espectacularmente tonto, alcanza con llamarlo “boludo” y todos nos entendemos.

No sólo no le tengo miedo a las llamadas “malas palabras”, sino que incontables veces las uso con el mismo fin que describe el cómico. Algo así como “al pan, pan y al vino, vino” sin tanta vuelta.

Pero cuando un tipo llega a creer que ser hombre es ser un guarango… ahí es cuando pienso que es un pelotudo con vista al río.

De la misma manera pienso cuando he visto o veo a un tipo hacer alarde con lujo de detalles de que a quién “se garchó”, combinando ser guarango con ser un boca floja, muy probablemente inseguro de su propia hombría.

Ni les cuento cuán estúpido me parece un hombre que sostiene que su matrimonio fue una “cárcel” en la que tenía que soportar a la “bruja” que tenía por mujer y que ahora es un campeón que sólo se echa un polvo con alguna Chichi de vez en cuando, “porque las mujeres están para ‘cogerlas’”. Y porque las mujeres son una suerte de cosa despreciable que usa cada tanto pero que, con lo estúpidas que son, no dan para más que para eso.

Igual de imbéciles me parecen esos tipos que se vanaglorian de tener amante, resaltando que son unos piolas bárbaros porque “se empoman” a una casada, con lo cual no habrá problemas de reclamos de divorcio por parte de esa amante. Imbéciles e hijos de puta, claro. Con alguna pincelada de cobardía. La que supone no tener los cojones para separarse, si es que la cosa no funciona.

Podría seguir enumerando actitudes de los hombres que muchas veces me costaron discusiones con los de mi propio género, simplemente porque creo que esas actitudes no te hacen más hombre, te hacen menos.

Idiotas que estuvieron un tiempo con una mujer y que cuando esa mujer se fue, relatan (y hoy por las redes hasta muestran) defectos de esa persona o cuentan intimidades con el único fin de herir a la “hija de puta” que los dejó, tarados que se la pasan haciendo chistes sobre sexo cuanto más zarpados mejor, incluso en situaciones que no dan ni medio sólo porque se sienten más piolas por ser “transgresores”, pelotudos que denigran el compromiso sólo porque ellos no pudieron sostenerlo o porque les tocó alguien que tampoco pudo… en fin, nada nuevo, no?

Ya desde la época de Sor Juana se sabe que “los hombres” son (me dejo afuera porque yo no) así de mierdas.
Pero cuando la Sor escribió su famoso poema era una declaración de guerra, era oposición a esa estúpida forma de ser…

Hace unos cuantos años había una publicidad de cigarrillos que en su slogan decía “has recorrido un largo camino, muchacha”, en alusión a los lugares sociales que la mujer fue conquistando a lo largo de los años, lugares que durante mucho tiempo habían sido espacio exclusivo de los hombres.

Lo que nunca imaginaron ni Sor Juana Inés ni el publicitario que ideó el slogan es la enorme cantidad de mujeres que iban a decidir “unirse al enemigo” porque no podían con ellos.

Esas mujeres que hoy desprecian el matrimonio, el compromiso, la fidelidad. Mujeres que se quejan de los que estropean “el rubro amante”, como me tocó leer hace poco. Tipas que se vanaglorian del “polvo” que se echaron ayer, que aplauden a minas que “escrachan” al ex, que no pierden oportunidad de ser guarangas porque creen que por ahí pasa la libertad, mujeres enfermas de rencor con los hombres en general a partir de su propia mala experiencia… en fin… tipos con tetas.

Muchachas que, así como los hombres decían que una mujer era frígida o lesbiana cuando esa mujer les decía que no, llaman boludos a los tipos que no quisieron tener algo con ellas. Y que hasta se ponen violentas y agresivas cuando el “infeliz” no quiso. Más la paradoja que supone que esas mismas mujeres aún hoy siguen diciendo que los hombres sólo quieren coger.

...

No odio a las mujeres porque me fue mal en mi primer matrimonio. Ni menosprecio la convivencia porque en el segundo terminó no funcionando.

Quieren pensar que soy un boludo porque creo en el amor? Ok.

Quieren pensar que soy un boludo porque creo en el compromiso, la lealtad, la fidelidad y la franqueza? Ok.

Quieren pensar que soy un boludo porque creo en el compañerismo, el caminar juntos, los proyectos propios y compartidos? Ok.

Estuve relacionado con guarangas, jodidas, agresivas, mentirosas? Sí, claro. Hay de todo en la viña del Señor.

Pero no me entrego. No me uno a ellas. No me transformo en la ocasión de lo mismo que culpo.

Porque ahí sí me sentiría un boludo.

No me sumo a la destrucción de las relaciones entre hombres y mujeres.

Prefiero que ruede y vocifere mi cabeza en el polvo antes de pasarme a las filas del enemigo.

Y si por algún motivo no puedo con ellas,

pues simplemente,

aceptaré la derrota…








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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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