MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

25-07-2019

Un buen día para morir

Un buen dia

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro…

José Martí

Cuando tenía 23 años, era inmortal, por supuesto. Acaso no lo somos todos a esa edad? Nada, absolutamente nada me iba a sacar de esta Tierra. Algunas pelotudeces importantes que en aquella época hice junto con mi hermano, otro inmortal de 19 años en aquel entonces, dan fe de que vivía como si cada mañana me levantara y gritara "Hoka hey!", que es el grito de guerra que vociferaban los indios Sioux antes de la batalla y que quiere decir "Hoy es un buen día para morir", como actitud frente al peligro de muerte inminente.

Haber salido vivo de que me atropellara un auto me dio una buena manito para creerme el heredero del trono de Highlander...

Con los años aprendí a aceptar que no y me calmé. Comprendí que la vida no es eterna y comencé a cuidarla un poquito más. Pa´que dure vio? Porque, justamente, no soy inmortal.

Pero un día tuve hijas...

No sé si todos sabían el autor de la frase del epígrafe –yo me acabo de enterar al investigar para escribir esta nota–, pero todos la conocemos. La hemos repetido lacónicamente, quizás haciendo que en el camino perdiera un poco de peso, de sustancia, de esencia.

Porque hoy la decimos como metas de la vida, como si hubiera que hacer las tres cosas para que nuestra existencia, corta por cierto, tuviera alguna relevancia. Y no es lo que el amigo José quiso decir. El poeta habla de cosas que tienen en común la trascendencia, el dejar un legado.

A mí me gusta más pensarlas como hacerle pito catalán a la Muerte. Como una forma de cagarme de risa de la portadora de la hoz, como un modo de llenarle de luz sus campos de tinieblas. Como una fantástica forma de recuperar mi inmortalidad perdida.

Porque al tener hijas, también escribí unos cuantos capítulos de sus vidas. Redacté junto con ellas diálogos imborrables. Comencé y terminé etapas que fueron acumulando páginas en estos libros.

También fui el palito al lado para ayudarlas a crecer bien, para que tuvieran de dónde agarrarse cuando el viento soplaba fuerte. Las regué a diario, alentándolas a ser ellas mismas cada vez más.

Las crié, las cuidé, las alimenté. Y las ví crecer. Primero bien agarradas de mí. Y después, poco a poco, soltándose de a ratos cada vez más prolongados, hasta el día en que ya no necesitaron que estuviera tan cerca.

Me tocó ver cómo algunos capítulos empezaban a ser escritos por ellas mismas. Y cómo se bancaban los vientos fuertes sin necesidad de agarrarse de nada.

Ví cada etapa de estas semillas, que alguna vez fueron un poroto que latía en el vientre de la madre y que, una vez fuera de ese vientre, crecieron hasta el punto de florecer como mujeres.

Como si fuera poco, tuve la suerte de conocer una plantita que ya tenía unos cuantos capítulos escritos, pero que de todas maneras, la vida me permitió escribir párrafos en sus páginas y participar en su riego.

Hoy son tres pendejas haciendo su camino, abriéndose paso entre la maleza directo al sol, autoras absolutas de su libro.

Pero en cada uno de esos libros hay un poquito de mí. En la savia que las recorre hay una impronta que lleva mi nombre...

Por eso el grito de guerra Sioux. Por eso “Hoy es un buen día para morir”.

No tengo ninguna intención de irme de este mundo por mucho tiempo, pero desde el día en que ví a estas mujeres ya encaminadas, a estas plantas en flor, a estos libros con suficientes capítulos para poder autoescribirse de aquí en más, a partir de ese exacto momento, cualquier día es un buen día para morir.

Porque, querida Parca, podrás llevarme cuando sea mi hora, pero una buena parte de mí,

la inmortal,

se a va a quedar acá para siempre...




Notas relacionadas





DESTACADO

Icono

Monólogos de un hombre cualquiera

Sin pasaje de regreso


$870,00

-/ ENVÍO GRATIS A TODO EL PAÍS /-


#amor #pareja #familia #hijos #convivencia #rutina #soledad #engaño #autoestima #egoísmo #mujeres #hombres #feminismo #cuidado #miserias #fidelidad #comunicación #belleza #conciencia #humor #sociedad #duelo #perdón y muchos más...

Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

Comprar ahora