MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

18-03-2022

La agonía del amor

La agon%c3%ada del amor

Amar a quien no te ama no es amar.

El autor

Estamos despedazando el significado del amor de pareja. Por el camino de pretender que cualquier afecto hacia otro lo es lo estamos poniendo en una agonía tal que no nos sorprenda que en un tiempo lo hayamos licuado por completo.

En mi opinión, cuando de pareja se trata, amar es cosa de dos. Ya cité alguna vez a Erich Fromm –con quien estoy absolutamente de acuerdo– con la frase que dice que jamás encontrarás al amor de tu vida porque el amor no se encuentra, se construye.

No es la primera vez (ni será la última, seguro) que escribo sobre la bilateralidad del amor de pareja. Ya en notas como “Dámelo todo”, “Nadie sufre por amor”, “No me digas que me amás” y “Cualquier cosita llamada amor” planteé, desde diferentes ángulos, mi postura con respecto a este tema.

Hace unos días posteé –en formato gráfico– un “ida y vuelta” que tiempo atrás había tenido con una lectora por privado y que está incluido en la introducción de la última nota mencionada. Ella había preguntado: “Y si amás a alguien que no te ama?” y yo había respondido: “No es amor”.

Si bien la mayoría estuvo de acuerdo, hubo comentarios que sostenían amar unilateralmente.

Bien, a eso me opongo en esta nota.

Si hay un idioma rico en palabras, pues ése es el Castellano. Y existiendo palabras como arrobamiento, fascinación o embeleso, me parece casi caprichoso pretender llamar “amor” a un sentimiento que no tiene base alguna para ser llamado de esa manera.

Incluso “calentura” creo que define mejor ese supuesto amor por alguien que incluso puede ni registrar tu existencia.

Entre los comentarios que sostenían lo que para mí es un sinsentido, uno llamó la atención. Allí se sostenía que, si no dabas amor, independientemente de si el otro te amaba o no, eso era “puro ego”.

Me resultó tan en las antípodas de lo que opino que no pude dejar de verlo.

Porque pienso que amar a quien no te ama es síntoma de una fantasía absoluta. Y si ese “amor” se manifiesta en cosas concretas (“somos lo que damos”, dice el comentario), peor aun. Porque da cuenta de una autoestima baja, realmente baja.

Dar y dar sin recibir nada a cambio es imposible. Porque el “otro” no puede no comunicar, sea con palabras o con gestos.

Hasta en situaciones donde el “dar” es meramente dar y no tienen que ver con el amor de pareja, el otro “devuelve” algo. La madre Teresa recibía las sonrisas de agradecimiento, por ejemplo.

Y no existe la posibilidad de que el otro no me de nada. Porque cuando nada me da, lo que me da es indiferencia.

“Parejo” significa que es igual o muy parecido a otro. Por eso me gusta el término: porque no creo que alguna vez sea “igual” el amor que una pareja se prodiga mutuamente, pero creo que es vital que sea parecido.

Amar, lo que se dice amar, lleva tiempo. Tiempo para conocerse, tiempo para ir descubriendo esas cosas del otro que nos enamoran, tiempo para ir encontrando aquellas cosas que tenemos en común, tiempo para ir limando las que no.

Y entre las cosas que me enamoran están cómo me mira, cómo me acaricia, cómo me escucha. Están el tiempo que me dedica, su capacidad para contenerme, su apoyo en mis proyectos y una parva de cosas más.

Si el amor no se retroalimenta, se acaba. Inexorablemente. Ése es, tal vez, uno de los principales motivos de las rupturas. Y estamos hablando de parejas que lo son.

Pretender que se “ama” a alguien que no siente nada por nosotros, incluso que muchas veces ni nos conoce, es un planteo inmaduro. Es un disparate. Como escribí en otra nota, son las adolescentes las que “aman” a Justin Biever.

Se puede (y sigo desplegando la riqueza de nuestra lengua) admirar, sentir entusiasmo por, estar encandilado, hasta –aunque me parezca un afecto siniestro– idolatrar a alguien. Pero “amar”? Amar sin que te amen?

...

Amar es dar, es estar para el otro, es mimar, es acompañar, es ayudar a crecer, es compartir, es construir…

Amar a alguien que no te da, no está para vos, no te mima, no te acompaña, no te ayuda a crecer, no comparte con vos y no pone ni un ladrillo no parece muy razonable que digamos. Mas bien parece enfermo.

Creo que compramos el falaz romanticismo de Hollywood, ése en el cual se pretende vender que “si ella es feliz, yo soy feliz, aunque ella lo sea con otro”.

Habrá mentira más grande que eso? Alguien quiere convencerme de que cuando aquél al que supuestamente se “ama”, ama a otra persona, se es feliz porque su amada/o es feliz?

Por otra parte, me pregunto qué es lo que se ama de ese otro.

Porque aquellas cualidades que no tengan que ver con uno –desde lo atractivo físicamente que sea hasta la inteligencia que tenga o la nobleza de la que sea capaz– son motivos de respeto, admiración. Y en casos exagerados podrán llegar a escalar a adoración o veneración, afectos que, por otra parte, también me parecen siniestros.

No, amar es otra cosa.

En Castellano, insisto con la riqueza de nuestra lengua, tenemos la posibilidad de querer, de sentir afecto por otro.

Cuando uno quiere a alguien le da un lugar de importancia en su vida. Ni hablar cuando ama.

Llegué a leer a alguien que decía amar a sus enemigos. A menos que estemos hablando en términos del disparate de “la otra mejilla”, amar a un enemigo es estar dispuesto a darle muchas cosas buenas a alguien dispuesto a hacerte daño.

Soy un buen tipo. Pero si alguien es mi enemigo, lo menos que hago es alejarme. Porque me quiero lo suficiente como para protegerme del daño que pueda hacerme. Muy lejos estoy de darle afecto a quien está dispuesto a joderme la vida de alguna manera.

“Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen”, como puede leerse en la Biblia, es demencial.

Estamos llamando “amor” a la idolatría, a la veneración, a la sumisión al otro, hasta al masoquismo.

Y así lo estamos despedazando. Le estamos quitando riqueza a su significado hasta el punto de tornarlo tóxico, enfermizo.

En la era de “la autoestima” es llamativo que haya quienes sostengan amar a quien no los ama.

Hay una brutal diferencia entre ser ególatra y tener la autoestima en su lugar.

En el primer caso te creés más que los demás. En el segundo, te sabés primero para vos mismo.

“Si yo no me quiero, no puedo querer a nadie” es una frase que he visto posteada hasta el hartazgo. Pero, más allá de que opine que al momento de tener que postearla al mundo das cuenta de una falta de esa autoestima que decís tener, la frase es absolutamente cierta.

Y si amo a alguien que nada me da, que no valora lo que le doy por amarlo, se da la contradicción que supone que lo que le estoy dando no debe ser muy bueno que digamos. Porque está sostenido desde una autoestima inexistente.

Cuando hablamos del amor de pareja, amar es otra cosa.

Amar es compartir, es construir juntos, es estar para el otro.

Amar es apoyarse mutuamente, es escucharse, es entregarse.

Es valorar, respetar, comprender.

Amar es,

necesariamente,

una cuestión de dos…

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

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