MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

17-09-2021

Dámelo todo

Damelo todo

Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.

Antonio Machado

Amar es darlo todo sin pedir nada a cambio, dicen.

Habrá mentira más infame? Sinsentido más grande?

Amar es dar esperando todo a cambio. Todo. Absolutamente todo.

Y es también honestidad desnuda, brutal, sin reservas.

Por eso hoy quiero decirte todo lo que espero a cambio de amarte como te amo.

Porque si voy a darlo todo, pues todo lo quiero…

Amor,

Quiero una mueca lozana que se vista de sonrisa cada vez que me descubras contemplándote. Para poder salir del sopor de tu belleza y recuperar el agitado aliento que deviene de haberlo contenido.

Necesito algún gesto que me traiga de vuelta todas las veces en las que me pierda en tus ojos, entregado a la serena idolatría todo lo que encuentro detrás de esas puertas de tu alma. O no sabría cómo regresar, no querría hacerlo siquiera. Y me quedaría allí, extasiado por la exquisita fragancia de tu ser. En un limbo eterno de las profundidades de tu esencia.

Quiero tu risa cuando me deshaga en chistes pelotudos para alejarte del trajín del día o para borrar tu ocasional tristeza. Es el único modo en que no voy a sentir el ridículo que haga cuando imite a los peludos bichos de La guerra de las Galaxias o imite las voces de comerciales televisivos en busca de la carcajada que rompa las cadenas de tu malhumor.

Dame el calor de tu calma cuando te abrace para contener tu angustia y me quede en silencio, acariciando tu pelo cada tanto. O sentiré inertes mis brazos y pequeño mi pecho.

Compartí conmigo tu satisfacción cuando te acompañe en cada proyecto que tengas. Sólo así voy a poder disfrutar ser tu sombra que te siga durante el camino que hayas decidido recorrer.

Y no me niegues nunca la pícara complicidad en los sueños compartidos. Para alentarme a caminar a tu lado, tirando del carro a la par, cantando al unísono alguna marcha de esperanza.

En los momentos difíciles que de vez en cuando nos toquen pasar, quiero que hagas como hacen los girasoles en los días nublados, que encuentran la luz y el calor en la mirada de aquél que está al lado. Porque así seremos dos contra los que no habrá penumbra que pueda con ellos…

Cuando te busque para hacer el amor, entregame sin tapujos tu erizada piel cuando resbale por tu cuello, y el temblor de tu cuerpo cuando caiga en tus pechos. Tu respiración jadeante, entrecortada, turbulenta, cada vez que mis dedos rocen tu espalda preanunciando la presión que harán en tu cintura, para después aferrarte por tus glúteos y traerte hacia mí con tibia violencia. No hay otra manera de sostener la ilusión de que soy yo quien tenga el control del momento. De otro modo, quedaría expuesto a la lujuria que tu carne emana y tendría que declararme tu súbdito por voluntad propia.

Quiero los jugos de tu boca cuando estruje mis labios contra los tuyos y entregue mi lengua a esa ralentizada y obscena danza que tiene lugar cuando se retuerce con la tuya.

Dame el espasmo de tu vientre cuando mi boca cruce el desierto en busca del oasis de tu sexo. Y tu íntima humedad cuando hunda mi cara entre tus muslos. Sutiles contorsiones mientras me embeba con lascivia y un inaudible grito o un vacilante gemido cuando logre que estalles.

Regalame la tensión de tu cadera cuando separe tus ancas en busca del espacio para abrirme el camino. Y un respingo sutil al momento en que entre.

Quiero tus piernas cruzadas en mi cintura forzando la agonía de mi orgasmo, marcando un ritmo moroso, pausado, desesperantemente lento. Sólo así podré soportar verme suplicarte la entrega de tu impúdica sensualidad.

Dame el suspiro de tu alma, tu cabeza sobre mi hombro y tu pierna montada sobre la mía. Tu desnuda espalda entregada a mi brazo y el tuyo cruzado sobre mi pecho…

Quiero la tibieza de tu cuerpo y la paz del descanso.

Y la serena alegría de despertar a tu lado.

Quiero escuchar mi nombre de tus labios.

Sí, lo quiero todo.

Absolutamente todo.

No por tirano, mas bien por esclavo.

Porque cuando amo, estoy siempre desnudo.

Porque cuando amo, con nada me quedo.

Porque cuando amo,

abro mis entrañas,

y lo entrego todo...

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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