MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

04-04-2019

No puedo vivir sin ella

No puedo vivir sin ella

Me basta pensarte para sentirme invencible.

El autor

No, claro que no. No tenerla en mi vida sería como estar sin aire para mis sueños, sin agua para mi cuerpo, sin alimento para mi alma. Y no tendría quien me sostuviera cuando flaqueo ni quien me acompañara cuando me despliego a la vida.

No puedo vivir sin ella, de ninguna manera...

Porque fue gracias a ella que pude conocer el amor, el verdadero amor, ése que se basa en dar todo lo que se tiene para dar. Y en luchar para conseguir lo que no se tiene, para poder darlo también. Ese amor que surge de quien soy, desde mi más brutal yo.

Jamás podría amar de la forma en que lo hago si ella no me diera todo lo que me da. Nunca podría haberme enamorado realmente. Sólo hubiese tenido ocasionales compañías. Y tal vez ni siquiera eso.

Fue ella quien me enseñó a amar, a no necesitar y sin embargo elegir.

Es ella la que me da el valor para poder sacar de las entrañas más profundas de mi ser la fortaleza para proteger. Y es ella quien me da el mismo valor para pedir protección cuando lo que encuentro allá, en los confines del agujero de la madriguera del conejo, son mis más inquietantes debilidades.

No podría vivir sin ella, no hay caso.

Porque siempre está a mi lado, porque me acompaña en cada paso que doy. Porque me apoya en mis proyectos, me alienta a perseguir mis sueños y me da seguridad en cada paso que doy. Porque me da la fe para dar el primero paso, incluso cuando no veo el final de la escalera, como dijera alguna vez el famoso pastor.

Porque quién, más que ella, podría sostenerme de la manera en que lo hace cuando me toca soportar algún fracaso? Quién, que no fuera ella, habría sido capaz de haberme dado la fuerza que me dio, cada vez, todo el tiempo, durante esas épocas difíciles que me han tocado vivir? Quién, más que ella, habría festejado conmigo con desbordante alegría cuando finalmente atravesé esos momentos y volví a levantar la cabeza?

Por supuesto que no podría vivir sin ella.

Cómo hacerlo? Si cada vez que la necesito ahí está, acompañándome, dándome todo su amor, poniendo calidez a la noche más fría y colores a los días más grises.

Cómo podría vivir sin ella si nadie como ella festeja mis triunfos, alimenta mis alegrías, cobija mis sueños.

Sólo con ella a mi lado me es posible enfrentar un mundo muchas veces hostil. Sólo con ella apoyándome puedo transitar los insondables caminos que dicen que Dios tiene y que muchas veces resultan escarpados y repletos de obstáculos.

No, claro que no podría vivir sin ella.

Es ella y sólo ella la que me hace sentir absoluto protagonista de mi vida, con la infinita paz interior que eso trae. No creo que alguien más pudiera darme semejante serena felicidad por estar vivo.

Es más, nadie más que ella hace que el sólo hecho de estar vivo sea suficiente motivo para explicar esa sonrisa interna que paseo por la vida en todo momento, con la que ando por ahí como un chico pateando latitas, con las manos en los bolsillos y la cara al sol.

Por eso cuando vuelvo a casa y me encuentro con ella, en esa intimidad que sólo nosotros podemos lograr, en esa silenciosa comunicación en la cual ambos sonreímos, en ese suave y pasional vínculo que hemos construido juntos a lo largo de lo años, no puedo sentir otra cosa que no sea que todo el tiempo está conmigo, que no hay un minuto en el cual me abandone, que no hay un instante en el que no me acompañe.

Y el agradecimiento que siento es tan fuerte, tan hondo, tan visceral, que la sonrisa es tenue, casi mueca, virtualmente imperceptible. Pero a veces conmovedora hasta las lágrimas.

Esas lágrimas de calma y mágica alegría que algunas veces veo en el espejo mientras me afeito y por un instante y sin previo aviso, me conecto con el centro de mi alma,

y me encuentro con ella,

mi autoestima…








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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.