MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

03-09-2021

Un hidalgo hombre cualquiera

Un hidalgo hombre cualquiera

Jamás duermas tu parte Quijote

Mariana Ottolenghi, una lectora

Hay notas que preparo, planteo la idea en crudo y que luego desarrollo. Notas que escribo por pedazos sueltos que después ordeno.

Y hay otras que se parecen más a un concierto que al acto de escribir un texto. Escritos en los que vomito lo que siento al compás del casi involuntario golpeteo de mis dedos sobre el teclado.

Fue de esa forma que escribí la nota que motivó el comentario de la lectora. Tan así que tuve que ir a leerla para ver qué era lo que había escrito.

Y resultó impactante encontrarme en mis propias letras. Verme a través de mi propia mirada.

La pantalla de la laptop había mutado en espejo de mi ser y reflejaba mi esencia, dejando al desnudo las raíces de mi propia existencia.

Y me conmovió profundamente poder congeniar ser ácido, sarcástico, irónico, por momentos soberbio, con mi pasión por la justicia, mi devoción por la vida, mi empecinada fe en el amor.

Y por eso hoy, en lenguaje por decisión propia un poco arcaico, quiero escribirle esta carta a Lady Marian, la lectora que inspiró estas letras.

Milady,

“Jamás duermas tu parte Quijote” resonó en mi cabeza al tiempo que pensaba cuánto más demente me siento que aquel noble caballero del que Don Miguel de Cervantes contó su historia.

Porque aquel desgarbado héroe creía que los molinos de viento eran gigantes. Pero yo, que tengo claro lo que son, de todas formas voy al encuentro de ellos y me bato a duelo en nombre de mis propios ideales.

A sabiendas de que terminaré revoleado por las aspas, revolcado por el piso y probablemente lastimado, combato con esos molinos en pos de rescatar valores de una sociedad que hoy se pretende “antigua”.

Y doy batalla a todo aquél que, con solapada intención, pretende esparcir ruines ideas acerca del romance, mientras esconde su propia imposibilidad de amar o regurgita un rencor al que no logra soltar.

Nada me importan los golpes de las aspas. Nada pueden contra mi armadura de sueños ni con mi espada afilada a base de inquebrantable voluntad y victorioso optimismo.

No hay fango sombrío de malos recuerdos que detenga mi andar ni vacías decepciones que tuerzan mi rumbo.

Puedes estar segura, milady, que no hay alimaña política que pueda amedrentar mi indomable sed de justicia del mismo modo en que no hay pétalos mustios que me hagan olvidar la belleza de las flores.

No hay en esta Tierra agitados vientos ni siniestros presagios de lluvia que logren desalentar mi lealtad a los míos.

“Jamás duermas tu parte Quijote”, me dijiste. Y alimentaste la llama de mi permanente Cruzada por la paz, la esperanza y la hidalguía.

Puedes estar segura, Lady Marian, que no hay congoja, ni tristeza ni dolor que acallen mi canto a la vida. Ni plomizas nubes que me hagan olvidar al sol. O impetuosa tormenta que disipe mi calma.

No hay ominosas huestes de villanos que no encare cuando enarbolan banderas de desánimo en contra de la entrega, la fidelidad, el compañerismo.

Ni hay molino de estos tiempos, aun sabiéndolo molino, que no enfrente con utópica fiereza cada vez, todas las veces, que la desidia pretenda doblegar al amor...

Podré ser sarcástico, irónico, por momentos soberbio.

Podrás verme defender cínicos argumentos, emitir tajantes sentencias y ácidos juicios.

Pero jamás, ni por un instante, soltaré mi anhelo de pasión.

Porque no quiero hacerlo.

Pero tampoco puedo.

Es que no es una parte Quijote la que tengo, es todo uno el que me habita.

Y es piadoso con mis miserias porque me ve férreo en mis virtudes.

Ve la nobleza en mis batallas y el compromiso con la vida.

Y por eso voy por insondables caminos con prístino orgullo y la frente en alto.

Con mirada franca curtida en las contiendas, pero que da permiso a mi juvenil inocencia.

Y puedes estar segura, Lady Marian, que a ese Quijote, aun cuando vive entregado a sus sueños, jamás,

ni por un instante,

vas a encontrarlo dormido…

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

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