MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

23-07-2021

Más allá de las palabras

Mas alla de las palabras

El camino a todas las cosas grandes pasa por el silencio.

Friedrich Nietzsche

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Dedicada a Sandra Alonzua, por el empujón que me dio.
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“Página 1 de 1 - 0 palabras” podía leerse al pie del Word en blanco abierto en la espera de comenzar a ser manchado por el negro de las letras.

El café liberaba sus últimos vapores anunciando la frialdad que encontraría su boca si seguía dejando que el tiempo transcurriera sin darle al menos un sorbo.

Un cigarrillo descansaba apretado entre las hendiduras y apenas lograba sostener la creciente ceniza, que comenzaba a arquearse como queriendo buscar el fondo del cenicero.

La mirada perdida, un poco encandilada por el reflejo del monitor, atravesaba la pared de ladrillo hurgando en los cimientos las palabras que no llegaban.

“Página 1 de 1 – 103 palabras”

Dio por muerto al café y empujó la taza un poco más allá, como si al alejarla lograra que dejara de molestarlo y rescató al cigarrillo sólo unos instantes antes de que mutara a pucho.

Dio dos pitadas y lo apagó como siempre lo hacía, descabezándolo de la brasa para que la nicotina no se le impregnara en los dedos.

Volvió la vista hacia el monitor y apoyó los dedos sobre el teclado dispuesto a comenzar el concierto que ese día había decidido volver a dar.

Llevaba semanas de cama sin hacer, de sábanas lavadas y dobladas que esperaban ser puestas infructuosamente, arrinconadas a los pies del lado del que nadie duerme.

Semanas de cafés fríos y cigarrillos consumidos sobre el cenicero.

“Página 1 de 1 – 233 palabras”

No hay tal cosa como la mente en blanco. No existe el “Página 1 de 1 – 0 palabras” más allá de los confines de un programa de edición de textos.

En todo caso, en los momentos en los que todo se detiene, cuando se pierde la mirada, el café se enfría y los cigarrillos se consumen solos, es cuando las letras se agolpan unas sobre otras, en un desesperado intento por tapar eso, eso que está allí, pero que no quiere ser pensado.

“Página 2 de 2 – 326 palabras”

Es increíble cuánto puede decirse cuando uno siente que no está diciendo nada. El silencio es, tal vez, el más fuerte de los gritos.

Por eso, cada vez que la vida lo había puesto a prueba, se había llenado el pecho con ese ahogado grito que siempre había terminado en lágrimas sin sollozos, en silenciosas gotas que buscaban el suelo como si hubiera un mar que las esperara en la desembocadura de su dolor.

“Página 2 de 2 – 404 palabras”

Nacer y morir deben ser los momentos de mayor soledad de un ser humano. Nadie nace por vos y nadie muere en tu lugar. Es uno mismo el que da la dolorosa primera bocanada de aire y es también uno, y sólo uno, el que exhala el último suspiro.

Sin embargo, tal vez sean los momentos de la vida en que menos conciencia se tiene de esa soledad.

“Página 2 de 2 – 478 palabras”

Miró el reloj y buscó en la hora el permiso para abrir la botella de vino. Cumplió con el ritual en el que no cree de dejarlo respirar y se quedó mirando cómo el copón tomaba color hasta la mitad.

Unos días atrás, cuando recibió los regalos de sus hijas, una de ellas le había preguntado cómo se sentía pasando el primer cumple sin el saludo de “la abuela”. Y él había contestado que, si bien la muerte era la real castración del ser humano y que, por lo tanto, no podía dejar de vivirla como una mierda, era muy probable que fuera lo que le daba sentido a la vida. Que no estaba seguro si estaría bueno vivir eternamente.

“Página 3 de 3 – 603 palabras”

Dio un buen sorbo al vino y lo dejó reposar unos instantes en su boca antes de tragarlo, dejando que el sabor lo invadiera mientras hacía números de dinero y de tiempo para ver cuándo podría ir a pescar unos días. Cuándo podría estar unos días en soledad, con asados para uno y silencios elegidos. Con tardes de sol o mañanas de lluvia. Con la tensión puesta en la punta de una caña y la adrenalina drenando por su cuerpo al sonar de una campana.

Sintió que necesitaba esos días que cada tanto se toma. Que no había alcanzado con pintar el comedor, colgar cuadros y poner la puerta del cuartito de la terraza. Que el vino era poco y el dolor mucho.

Que las letras no eran suficientes y que sólo el tiempo haría que el “Esto también pasará” que lleva grabado en su anillo se transformara en una realidad vivida y no fuera sólo un mantra que tampoco alcanzaba para transitar el duelo.

“Página 3 de 3 – 774 palabras”

Se sirvió un poco más de vino. Ese vino que, en un acto de egoísmo, había apartado cuando su amigo del alma le había dicho al momento de regalarle dos botellas: “Éste es bueno; éste es MUY bueno”.

Se preguntó si aquellos que leyeran su texto comprenderían la dimensión del dolor que lo embargaba a través de las inconexas letras que estaba volcando.

Otra pitada al cigarrillo. Otro sorbo de vino.

“Página 3 de 3 – 864 palabras”

Sacó la vista de la pantalla y se quedó un momento mirando la foto que sacó Fabio muchos años atrás en la que puede verse a su hija menor lavándose las manos y a la mayor abrazándola desde atrás con absoluta ternura y una sonrisa impagable.

Y se llenó de vida. Apagó el grito y una lágrima de emoción vociferó serena felicidad y secó el arroyo.

Dio la última pitada al cigarrillo, vació el copón en su boca y el silencio fue sonrisa.

El blanco y negro de la foto tornó a millones de colores. Tal vez fue el vino, pero escuchó las risas.

Ya no estaba en blanco, había logrado darle el lugar a su tristeza y “esto” ya estaba pasando.

Página 4 de 4,

1000 palabras,

algunas lágrimas…

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

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