MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

17-04-2021

Lo más pancho

Lo mas pancho

Un verdadero amigo es alguien que está con vos cuando él prefería estar en otro lado.

Len Wein

Según Fabio, un amigo no espera a que le ofrezcas y te pregunta qué tenés para tomar. Pero un VERDADERO amigo, abre la heladera y se queja si no hay lo que él quiere…

Los sentimientos siempre tienen una cuota de misterio. Cierta calidad de recónditos que los hace un tanto incomprensibles.

Pero si bien es verdad que nunca terminamos de descular algunos matices, siempre insisto en que pueden explicarse, que esos afectos tienen motivos por los cuales crecen y se sostienen en el tiempo.

Si tuviera que explicar mi amistad con Fabio, tal vez debería publicar un libro aparte.

Pero dicen que para muestra basta un botón…

Inicios del 2002 en Argentina. A sólo unos meses de haber comenzado el corralito y toda la desgraciada fiesta que eso supuso.

Por aquel entonces Fabio tenía su estudio de diseño sobre la calle Salguero, a muy pocas cuadras de mi casa-oficina y muchos mediodías nos juntábamos para almorzar.

Almuerzo que, por la siniestra situación económica reinante y la de cada uno de nosotros en particular, buscábamos que resultara, ante todo, barato.

Fideos o arroz eran el frecuente y desabrido menú que compartíamos, pero ese día habíamos decidido “vivir la vida loca” y comeríamos panchos con Coca Cola.

–Agarrá dos paquetes de salchichas –le dije.
–Para qué, boludo? Con un paquete comemos los dos –contestó.
–Yo me como seis –sentencié.
–Bueno, como yo dos y te dejo cuatro –intentó negociar.
–Yo me como seis –repetí.
–Nabo, es el doble de guita. Transá un poco.
–Yo me como seis –cerré.

Es el día de hoy que cada tanto jodemos con eso y reímos recordando mi intransigencia de aquel día, pero créanme cuando les digo que en ese momento Fabio se resistía porque estaba cuidando la guita de ambos. Un paquete más de salchichas y uno más de pan para panchos realmente hacían a la diferencia en nuestras golpeadísimas economías.

Pero finalmente transó.

No tenía lógica alguna. Ya había aceptado mi primera intransigencia cuando le había dicho que los panchos se comen con gaseosa sin discusión. Una “ley” que aún hoy sostengo ampliada a hamburguesas, pizzas y todo tipo de sándwiches.

Por qué habría de aceptar entonces gastar el doble en los panchos cuando ya había transado con la Coca?

Muchas veces he oído decir que un amigo es alguien que te escucha. Que te presta su oreja para atender al relato de tus problemas y que te aconseja al respecto. Incluso hace poco el mismo Fabio escribió acerca de todo lo que un amigo te enseña.

Y no les quepa duda de que infinidad de veces me ha prestado el oído y me ha dado más de un consejo que me ayudó a repensarme. Y ni hablar de todo lo que he aprendido de y gracias a él.

Pero si tuviera que elegir un momento entre los cientos que podría contar para definir las cosas que más valoro de mi amigo, les contaría la historia de los panchos y el “yo me como seis”.

Porque si bien estoy de acuerdo en la importancia de que un amigo esté ahí para prestarte su atención cuando le contás algún problema, muy pocos tienen la capacidad de escuchar lo que no se dice.

Y eso fue lo que Fabio hizo aquel día.

Escuchó que yo estaba al límite por lo jodido de toda mi situación personal, que excedía en mucho los problemas económicos.

Escuchó que ya había vendido el auto, que todos los meses remataba alguna computadora o un monitor para poder comer, que debía cuatro meses del alquiler, que me habían cerrado la cuenta bancaria, cancelado las tarjetas de crédito y que a diario atendía a proveedores que me puteaban por los cheques que no podían cobrar.

Pero también escuchó que mis hijas habían venido a vivir conmigo, que dormían en el piso en dos colchoncitos tirados al lado del mío, que me desvivía por atenderlas y darles todo lo que necesitaran, que literalmente dejaba de comer para que ellas jamás se quedaran con hambre, que lavaba la ropa en la bañera y la colgaba en lo que había sido una barra para hacer ejercicios, que luchaba con una Justicia machista que me hacía la vida imposible…

Todo eso y mucho más “escuchó” mientras yo porfiaba con mi “yo me como seis”.

Escuchó que necesitaba un pequeño recreo para poder seguir siendo “la roca”, como alguna vez él mismo me bautizó en un trabajo fotográfico que hizo contando mi historia.

Y se cagó en la economía y con una sonrisa comprensiva, agarró el segundo paquete de salchichas.

Sí, un amigo es alguien que está ahí para cuando lo necesites. Es alguien que escucha tus problemas y te da consejos. Es alguien que te enseña muchas cosas a partir de su experiencia.

Pero un verdadero amigo es ése que puede escuchar detrás de tu porfía todo tu cansancio, tu desesperación, tu angustia.

Y que es capaz de calmar todo ese dolor,

comprando un paquete de salchichas…

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Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

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