MONÓLOGOS DE UN HOMBRE CUALQUIERA

01-11-2018

Que la sangre no llegue al muro

Que la sangre no llegue al muro

Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida, dejándome el alma herida y espina en el corazón...

Carlos Gardel, Mi noche triste

Nos dejó. Un día se las tomó y nunca más volvió. La amábamos, la dejamos libre, y se avivó. O era un turro que salía con cuanta trola se le cruzara y lo echamos a la mierda porque lo descubrimos...

Como sea, no tá más.

Y ahora nos retorcemos en lo mejor de nuestras vidas, amurados al recuerdo con un tirafondos que no nos deja ni mover. Y cual Gardelitos vamos de noche triste en noche triste con la guitarra colgada en el ropero sin que nadie haga sus cuerdas vibrar...

Pero, ¡momento! –como dice mi yerno Agustin–: tenemos este maravilloso medio para sangrar por la herida... y más de cuarenta teclas para ejecutar la más gloriosa melodía que cuente cuánto estamos sufriendo, cuán guacha es que no nos da más bola, qué pedazo de hijo de puta que resultó ser por lo rápido que está “en una relación” con una nueva pelotuda, pobre, que no sabe la clase de zorullo que se consiguió...

Acá podemos mostrar nuestro superado despecho, publicando cartelitos de “Te olvidé, turra, ya no me importás”, “Ahora soy libre, estúpido”, “Tengo una nueva vida espectacular y ahí no hay lugar para vos, infeliz” y otros tantos anuncios al mundo contándole que ya está, ya fue, ya pasó.

O mejor aún, tenemos esos otros cartelitos de “Si me traicionaste, andate a la puta que te parió”, “Si te fuiste estás condenada a freírte en el infierno” o “Te agradezco que te hayas ido de mi vida porque ahora vendrá un hombre de verdad y no un impotente de mierda como vos, pelotudo”, como si eso tuviera una pizca siquiera de axioma universal.

También es un medio increíble para denunciar que el forro no nos pasa alimentos, que no ve a nuestros hijos, que en realidad se fue porque la echamos al carajo porque era una roñosa o cualquier otro sucio trapito digno de ser ventilado.

Y entonces publicamos cualquier pelotudez que nos sirva para estos nobles fines y, no satisfechos con eso, le agregamos algún comentario al pie del estilo de “Tomá pá vos, fulano/a”, con el hermoso link automático para que todos puedan ver la cara de la desgraciada o del maldito infeliz, de los cuales, paradójicamente, seguimos siendo “amigos”...

Tendremos la guitarra colgada con sus cuerdas sin vibrar, pero ¡la puta madre!, qué bien suena el teclado... qué perfecta armonía entre nuestro rencor y nuestra incapacidad de distinguir lo íntimo de lo público...

Alguna vez leí “Si a tu ex le importa un carajo, imaginate a nosotros”...

Una genialidad. Un sintético modo de expresar claramente lo que siento cuando veo estos trapos colgando en mi muro, cuando veo esta sangre corriendo por mi bonita pared del Facebook.

Sepámoslo: cuando tiramos mierda privada a los cuatro vientos, caemos en el mismo fango de los famosos que andan por ahí twitteando hasta el color de sus heces. Y el olor que causa náuseas a los demás es el propio, no el del que queremos salpicar.

Si por algún motivo no logramos digerir estas intimidades, lloremos, pataleemos, hagámosle jucio por alimentos, acompañemos a nuestros hijos a que se banquen que el otro no los ve, pero hagámoslo en silencio, en privado.

Queremos el tango? Bueno, cantémoslo. Vamos a volarnos los huevos, a despedazar el recuerdo, a ahogarlo en alcohol o lo que se nos ocurra. Sigo sin saber cómo se hace un pito a partir de un culo, pero cada uno puede hacer del suyo uno y fumar si tiene tabaco, decía mi abuelo. Pero hagásmoslo en casa o en cualquier otro lugar que resguarde nuestra intimidad.

No es relevante si es verdad que el imbécil ahora se casó con una pendeja o que la desgraciada anda putaneando por ahí. Nuestro veneno por estas cosas sólo les interesa a nuestros amigos de la vida real y no a nuestra lista del Facebook, que es otra cosa, aunque incluya a los primeros.

Aflojemos con creernos que a alguien le importa un carajo cuánto desprecio y rencor sentimos por el gran hijo de puta que no se hace cargo o la maldita perra que nos fue infiel, en la ridícula fantasía de que todos los demás van a hacer causa común con nosotros y los van a odiar –como si eso sirviera para algo, inlcuso– con la misma profunda intensidad.

A menos, claro, que encontremos alguna satisfacción,

extraña satisfacción,

en ir dando lástima por ahí...




Notas relacionadas





DESTACADO

Icono

Monólogos de un hombre cualquiera

Sin pasaje de regreso


$970,00

-/ ENVÍO GRATIS A TODO EL PAÍS /-


#amor #pareja #familia #hijos #convivencia #rutina #soledad #engaño #autoestima #egoísmo #mujeres #hombres #feminismo #cuidado #miserias #fidelidad #comunicación #belleza #conciencia #humor #sociedad #duelo #perdón y muchos más...

Adrián Ares tiene 56 años y es Licenciado en Psicología recibido en 1992 en la Universidad del Salvador. Padre de dos hijas y una “prestada” –como él mismo la define– lanzó el blog “Monólogos de un hombre cualquiera” a fines de noviembre de 2016 desde una cabaña en Salto, Uruguay, a la cual va frecuentemente a disfrutar de su otra gran pasión: la pesca.

El blog tiene hoy 80.000 lectores, muchos de los cuales interactúan con el autor en los “Miércoles de reflexión”, una sección de su página de Facebook en la que postea bromas con el único fin de divertirse una vez por semana.

Esta primera entrega es una selección de 60 monólogos, entre los cuales el lector encontrará algunos extractados del blog y otros absolutamente inéditos, para zambullirnos en el caos de afectos que nos embargan cotidianamente en este pasaje de ida sin regreso que es la Vida.

Comprar ahora