Un mundo ideal

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Bienvenido al desierto de lo real.Morpheus a Neo, en The Matrix

Dedicado a Andrea,
por el café que tomamos juntos
estando a 600 kilómetros el uno del otro.

En una escena memorable de la película citada, Morpheus le ofrece a Neo dos pastillas; una azul y una roja. La azul lo conduce al olvido absoluto de lo que lo está molestando, de esa angustia que lo persigue no dejándolo vivir en paz. Y la roja… ah, la roja lo lleva directo ver la cosas como realmente son, a enfrentar la realidad. Y a lidiar con ella…

Convengamos que en la Vida hay tiempos en los que la realidad, la nuestra en particular, es una reverenda porquería. Son épocas de sillones rotos y de nubes oscuras que presagian una tormenta que nunca llega, metáfora que para mí es una de las mejores definiciones que pude imaginar para describir la angustia que se siente en esos momentos.

Épocas en las que llega una instancia en la cual sentimos que no soportamos más, que de ésta no nos reponemos, que sólo oscuras nubes cubrirán nuestros pasos para siempre. Las cosas chotas se han ido acumulando en una enorme pila de mierda con la cual ya no sabemos qué hacer.

Pero algo hay que hacer y hay que hacerlo ya…

Echamos mano de los paliativos, soluciones a medias pero efectivas, y rellenamos la copa de vino de la cena y el sueño que genera nos lleva derecho a la diaria solución del problema: dormir hasta el día siguiente, ése en el que quizás el cielo esté despejado. Tal vez nos levantemos y ya no tengamos que recordar que hay que respirar, como dice Tom Hanks en Insomne en Seattle. Y cada noche le damos al vino hasta que ese día llegue.

Y cuando pasa demasiado tiempo y no llega, nos tomamos la pastillita azul y a cagar con todo. Derechito a la Matrix, un maravilloso mundo donde todo está bien. Donde el cielo es celeste Rembrandt y el pasto es de ese verde “esperanza” que nadie sabe muy bien qué clase de verde es, pero que sólo el invocar su nombre nos produce un estado de bienestar muy particular.

Un mundo ideal en el cual uno puede saltar de un edificio a otro sin temer caer, un mundo perfecto en el que hasta podemos volar sin correr el riesgo de salir lastimados.

Y ahí desmentimos, negamos, idealizamos a cualquiera, inventamos todo lo que haga falta para poder construir un lindo castillo que nos albergue y nos proteja de la dura realidad.

No niego que sea una opción.

Válida? Hmmm…

Por experiencia propia, sé que los castillos en el aire se vienen en banda, tarde o temprano. Y cuanto más tarde, peor. Porque más grandes serán la ruinas y más el tiempo perdido en haber puesto energías en tratar de sostenerlos.

El problema con la pastilla azul es que es realmente poderosa. El efecto dura demasiado tiempo. Y corremos el riesgo de despertar un día sin Matrix y con las manos vacías, fuera de ese mundo ideal que estuvimos intentando infructuosamente construir.

Alguna vez dije que una pila de mierda puede ser sólo eso. O una monumental provisión de abono. Todo depende de lo que se haga con ella.

Por eso desde hace mucho que yo elijo, cada vez, la pastilla roja.

Porque, paradójicamente, fue abonando el desierto de lo real con esa pila de mierda

como he cosechado,

siempre,

las siembras más maravillosas de mi vida…

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