Tan sólo por el aplauso

Es muy fácil ser cínico en el salón de la fama.
Pero por otro lado, es realmente una cosa hermosa
para alguien como yo.
He dedicado toda mi vida a esta música.Tom Petty, cantante de Tom Petty and the Heartbreakers

Acabo de ver America´s Got Talent. Acabo de ver mucha gente tener “ese” momento de éxito en la vida, en el que una multitud te aplaude y “jueces” te dicen que sí, que valés…

Diariamente en el mundo hay personas que tiene esos momentos pico: triunfan en un campeonato de algo, salen victoriosos en una pelea, ganan un concurso de canto.

Son cosas por las cuales esperaron, lucharon y se sacrificaron. Y llega ese momento de película, en el cual todos sus esfuerzos pagan premio…

El resto de los mortales nos quedamos fascinados, con la boca abierta, en un silencio religioso acorde al respeto que merece el semidios que estamos viendo triunfar. Y un instante después, estallamos en aplausos y gritos de emoción, desencajados por el triunfo de ese otro.

Absolutamente embelesados y cautivados por esa imagen de éxito, soñamos con vivir lo mismo que ellos. Deseamos con el alma ser aplaudidos, reconocidos como ganadores, exitosos, triunfadores…

Queremos ser Messi, Steven Tyler o Mike Tyson, dependiendo de si nos gusta el fútbol, la música o el boxeo. En realidad, casi nos da lo mismo. La gloria es la gloria. A quién le importa si te aplauden por cómo cantás o cómo te cagás a trompadas. Es gloria igual. Y guita. Mucha guita. Y fama. Mucha fama. Aplausos, muchos aplausos. Ovación…

Aaaaahhhh… qué lindo sería, qué vida maravillosa, cuán repletos de felicidad estaríamos si –en lo que sea– pudiéramos triunfar de semejante manera. Si lográramos tener tanto éxito que el mundo no resistiera aplaudirnos…

En lo que a mí respecta, me he pasado la vida persiguiendo mi sueño.

Desde el día en que supe qué quería ser, no he hecho otra cosa que entrenar y sacrificarme. Traté de aprender de mis errores todo el tiempo. Me rompí el culo por años, intentando mejorar cada día, para ser el mejor en aquello que decidí ser.

Y perseguí mi sueño, mi más grande sueño. Y sigo peleando por conquistarlo.

Porque me he dado cuenta de que si realmente querés algo en la vida, tenés que luchar, tenés que sacrificarte, que pelarte el lomo todo lo que haga falta.

Sin claudicar, sin aceptar ninguna derrota como definitiva. Parándote cada puta vez que te toque caer, cada vez que muerdas el polvo, cada vez que sientas que no vas a poder. Y renovando las energías para poder alcanzar ese sueño, apretando los dientes para resistir el camino cuando es escarpado, acumulando fuerzas en los tramos en que es favorable.

Aún hoy vivo en la esperanza de alcanzarlo…

Porque si logro triunfar, no habrá semidios que envidie. No habrá Steven Tyler ni Mike Tyson que puedan igualarme. Porque habré conquistado el más grande sueño que un hombre puede alcanzar.

Quiero ser famoso. Quiero la gloria, el reconocimiento, la perpetuidad que la fama da. Quiero pasar a la posteridad. Ser casi inmortal en el recuerdo.

Quiero que el día en que me muera, aquellos que quiero digan de mí, absolutamente embelesados:
–El hijo de puta lo logró… fue un buen tipo.

Y entonces sí, después de semejante éxito, voy a poder disfrutar con el alma del aplauso.

Desde un más allá,

que espero que haya,

tan sólo para poder escucharlo…

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