De amores y poetas

En este preciso momento,
no te imaginas cuánto te necesito.Dedicalas.com

Amar no es algo silencioso, en lo más mínimo. Cuando nos enamoramos, inevitablemente nos transformamos en prolíficos poetas. Supongo que el sentimiento es tan, pero tan fuerte, que nos desborda. Y necesitamos poner en palabras todo aquello que nos invade, como una suerte de regulación de la presión en el pecho que sentimos frente a la existencia del otro en nuestras vidas.

En algún momento nos gustó físicamente. O simplemente nos cayó bien. Y a partir de ahí, por diferentes caminos según la historia de cada uno, nos vamos conociendo.

En algún punto de esa historia comenzamos a sentir algo más que atracción o simpatía y soltamos el primer “Te quiero”. Un te quiero que una vez dicho cobra vida propia y va creciendo, mutando en un “te quiero mucho”, “te quiero mucho, mucho” y así.

Al tiempo no alcanza y el “te extraño” viene a dar una mano en esta desesperación por ponerle palabras a eso que nos está pasando.
Hasta que un día, ese ejército de te quieros y te extraños da paso al general, al que todo lo domina. Y se abre camino, entre miedos y ansiedades, el primer “te amo”.

El “te amo” es sin duda el que tiene la más poderosa capacidad de mutación. Porque crece sin parar, en una especie de retroalimentación permanente. Más lo sentimos, más necesidad de decirlo. Más lo decimos, más lo sentimos.

Y un día, es el mismo te amo el que estalla por insuficiente. Y ahí, en ese punto, es donde los poetas, en un intento desesperado de decirle al otro lo que significa en nuestras vidas, susurramos un “te necesito”…

Te necesito como al aire, como al sol, como el mar a la orilla… hay miles de frases y poemas apoyados en este sentimiento, el punto máximo del amor, la cúspide de la felicidad, el eterno clímax de la relación con ese otro.

En lo personal, tan mortal como cualquiera de ustedes, he tenido la misma necesidad de decirle al otro mis te quiero, mis te extraño, mis te amo. He escrito tarjetitas, cartas, poesías. También yo le he susurrado cada uno de los afectos que despertaba en mí.

Pero cuando esas palabras no me alcanzaron, cuando sentí la necesidad de decirle todo, absolutamente todo lo que significaba amarla, la miré a los ojos y le dije lo que para mí es la verdadera cima de lo que puede sentirse por alguien.

Te quiero, pero no te necesito. Así de tanto te quiero.

Porque no te necesito ni un poquito para ser feliz. No me hacés la más mínima falta para poder vivir. Bien puedo pasarme el resto de mi vida sin vos.

Pero te quiero tanto-tanto que –justamente porque no te necesito–,

cada día de mi vida,

todos los días,

te elijo…

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