Cualquier cosita llamada amor

Mi corazón puede amar por los dos.Salvador Sobral, Amar por los dos

Uno pertenece adonde se le quiere, se le ama, se le desea, se le siente y en repetidas ocasiones, se le extraña. Pero sobre todo, adonde se le demuestra.Post de Literatura y psicoanálisis (un poco alterado porque la ortografía era desastrosa).

–Y si amas a alguien que no te ama? –me preguntó Laura, una lectora con la que he cruzado algunas charlas.
–No es amor –sentencié.


“Encontrame alguien a quien amar”, dice la letra de “Somebody to love” de Queen. Estribillo que he coreado incontables veces, porque he disfrutado profundamente de amar a otro las veces que lo hice. Es una magnífica sensación saberse capaz de hacerlo.

Me hace sentir bien como persona, como ser humano, como hombre.

Pero sólo cuando también yo soy amado. Si no, no.

Cuando tenía catorce años estaba profundamente “enamorado” de una de las Trillizas de oro. No tenía conciencia de ello hasta que en una noche de mucha fiebre y delirando por eso, lloraba repitiéndole a mi madre: “Me quiero casar con María Eugenia”.

Cómo hacía para distinguirlas es un misterio.

Pero es un misterio aún mayor por qué estaba enamorado de alguien a quien ni siquiera conocía. Peor aún, de alguien que ni siquiera sabía de mi existencia en esta Tierra.

Un boludo, no?

No. Porque tenía catorce años. Y porque a esa edad no distinguía el amar a alguien de las terribles ganas de comer un helado de chocolate amargo y banana split. A esa edad confundía querer tener algo para mí con amar, como si fueran la misma cosa.


Me gusta esa mujer. Me resulta atractiva. Tiene unos ojos y una mirada increíbles. El pelo cae sobre su rostro y con magistral destreza enmarca sus tallados pómulos. Su boca casi siempre entreabierta me invita a querer besarla cada vez. Su cuello es una tentación constante a resbalar hasta sus pechos. Su abdomen, una invitación a recorrerla hasta llegar a sus torneadas piernas, después de haber derrapado en las lujuriosas curvas de sus caderas. Y a la vez, sus pies compelen a buscar el zapato que debe haber perdido en ese baile del que tuvo que irse corriendo cuando dieron las doce…

Y me gusta cómo es. Cómo sonríe y cómo suena cuando su sonrisa escala a risa. Me gusta cómo piensa, cómo discute, con qué pasión defiende sus ideas, sobre todo aquéllas con las que no estoy completamente de acuerdo. Incluso aquéllas con las que no comulgo en lo más mínimo.

Me fascina cómo camina, cómo mira, cómo habla. Destila una seguridad como fémina que muy probablemente no tenga, pero que sabe ocultar para defenderse de un mundo que a veces puede ser hostil y verla desplegar ese escudo me deja en niveles de contemplación.

Me atrae su honestidad, su persecución de utopías, su forma de razonar, el modo en que se relaciona con los demás. Admiro su capacidad de trabajo y me seduce con cuánta pasión lo hace.

Me genera un profundo respeto cómo es como madre. Tenaz, cariñosa, presente. Autocrítica, con espacio para cuestionarse. Reflexiva.

Me encanta cómo es como mujer, con una habilidad monumental para pasar de inocente nena a lasciva hembra. Algo que controla con sólo cambiar la mueca que sus labios son capaces de articular.

Está claro que me gusta, no?

Pero…

Si ella no se siente seducida por mis canas, si no le gustan cómo se dibujan mis arruguitas en los ojos cuando sonrío, si no siente la profundidad de mi mirada, si no la conmueve cómo me acerco a ella para besarla… Si no la atrae la aspereza de mi voz ni le parece atractivo cómo muevo las manos cuando hablo…

Si a ella no le genera admiración con cuánta pasión hablo yo cuando defiendo lo que pienso, si no la sacude cómo camino, con qué seguridad ando por ahí y con qué hidalguía pago el precio por ser como soy… si no la conmueve el modo en que vivo mi rol de padre, si le da igual lo compañero que puedo ser, si no la seduce mi propia capacidad para ser un nene que juega en algún momento y un rústico hombre en algún otro… si a ella no le genera amor cuánto y cómo puedo estar para aquellos que quiero… si éstas y otras características que me definen, que forman parte de mi ser, que denotan quién soy en esta vida no la hacen amarme…

Entonces jamás podré amarla.

Será mi amiga o sólo una mujer más que pueda parecerme atractiva y por la que pueda sentir respeto y admiración. Un ser humano más que haga que me alegre de su existencia en este jodido mundo.

Pero no alguien de quien pueda enamorarme.

Por? Si es “perfecta”…

No. No es perfecta. Le falta algo primordial para serlo. Le falta valorarme tanto como para desearme para ella. Le falta que quiera darme amor a mí.

No creo que el amor sea algo para ser vivido unilateralmente.

Cómo amar a alguien que no me hace sentir bien conmigo? Cómo enamorarme de alguien que no está dispuesto a estar para mí cuando lo necesite? Cómo sentir que quiero compartir mi vida con alguien a quien no le interesa?

Qué clase de tarado tengo que ser para tirar margaritas a los chanchos y sufrir porque los chanchos no me sonríen? A los chanchos no les gustan mis margaritas y están en todo su derecho. Por qué voy a tirarles mis flores a sabiendas de que no es lo que quieren?

Me canso de ver gente sufriendo porque “aman” a alguien que no les corresponde ese amor. Pilas de personas sufriendo por ese amor imposible. Incontables hombres y mujeres en agonía de amor por otro que no está. A veces, que ni sabe de su existencia.

La pregunta sería qué es lo que entendemos por amar.

Es más, la pregunta, aún más fuerte, es qué es lo que hace que amemos. Sólo las cualidades del otro? Y nada para nosotros? Mi corazón puede amar por los dos? A vos y a mí mismo?

Lo dudo. A vos puedo amarte. Pero si yo no tengo nada de vos y aún así me siento enamorado, creo que debería revisar los niveles de mi autoestima.

Amar a quien no me ama no es amar. Es otra cosa.

Amar a quien no me ama es idolatrar.

Y cuando idolatramos nos perdemos nosotros como personas.

Dejemos de llamar amor a cualquier cosita loca o los locos seremos nosotros.
Dejemos para las adolescentes el sufrimiento por amor a Justin Bieber.
Dejemos para el nene de catorce años los profundos deseos de casarse con María Eugenia.

Y nosotros, amemos con una única condición.

Que nuestras ganas de amar sean tan grandes,

igual de grandes,

que las de ser amados…

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