Carta de mis hijas antes de ser su padre

Tener un hijo debe ser quizás el acto más egoísta que un ser humano pueda hacer.El autor

No existen antes de concebirlos. No son. No se puede hacer algo por alguien que no existe aún. Por eso digo que decidir ser padre es algo egoísta, tal vez lo más egoísta que un ser humano puede hacer. Porque involucra a otro ser humano. A ése que aún no es, pero que vamos a traer aún cuando nadie nos haya pedido venir.

Y por eso imaginé esta carta, la que podría haberme escrito cualquiera de mis hijas –en realidad, las dos– mucho antes de que fuera yo su padre. Y que creo que sería más o menos así:



Papá, no me traigas.

Si al momento de enterarte de que voy a venir, no te sentás a mezclar y dar de nuevo todas las cartas de tu vida, si no voy a poner tu mundo patas para arriba, si no voy a hacer que ese caos te dibuje una gigantesca sonrisa mientras tratás de pensar cómo ordenarlo, no me traigas.

Si no vas a soportar que al principio mamá y yo vamos a ser indivisibles y vos sólo un satélite que va a girar en torno de nosotras y que vas a tener que aprender cómo separarnos para poder entrar a mi vida…

Si no estás dispuesto a no dormir de corrido durante mucho tiempo, si no vas a turnarte para darme la mamadera cuando deje la teta, si vas a vivir esas horas de sueño como perdidas… no me traigas.

Si no querés la angustia de no saber qué me pasa y tener que aprender a distinguir hambre de sueño o de dolor sin que yo te dé más pistas que mi llanto, si no estás dispuesto a levantar toda la casa a un metro y medio de altura y así y todo tener que estar todo el tiempo pendiente de hacia dónde gateo… entonces, no me traigas.

Si no vas a sentir que el cielo está al alcance de tus dedos cuando diga “papá” por primera vez, si no vas a vivir cada pequeño avance que yo haga como si fuera algo de otro mundo, si no vas a quedarte un largo rato mirándome mientras duermo cada vez que hayas venido a asegurarte de que aún respiro… entonces no, no me traigas.

Si no vas a retorcerte mientras lloro cuando me enseñes a dormirme después de habernos despedido “hasta mañana” y así y todo puedas sostener esos progresivos minutos que me dejás “sola” para que vaya aprendiendo…

Si no vas a meterte conmigo a la bañera cuando llegues del trabajo para compartir ese rato de aseo y juego, si no vas a cambiarme los pañales, si no vas a darme de comer primero y enseñarme cómo hacerlo después… no me traigas.

Si no vas a soportar los nervios de verme dar tambaleantes pasos hacia vos y puedas sostener la sonrisa cada vez que caiga para darme confianza, si no vas a aplaudir con locura cuando logre llegar a tus extendidos brazos, si no vas a abrazarme con fuerza mientras festejás con desbordada alegría mi reciente logro… entonces no, no me traigas.

Si no vas a llevarme y traerme del jardín primero y del primario después, si no vas a participar de cuanta reunión o acto haya, si no vas a actuar disfrazado de gato aún con el cuello roto porque no habrá cama que logre retenerte cuando quieras verme sonreír…

Si no vas a mostrarle a todos ese vaso en 3D que voy a dibujar a una edad que va a hacer que quieras convencer al mundo de que soy la versión femenina de Da Vinci, si no vas a correr como un desquiciado mostrándome palabras para que lea cuando lo haya hecho por primera vez, si no vas a guardar cada papel manchado, cada montón de cartones pegoteado, cada tarrito pintado con plasticola, como si fueran las próximas obras de arte a exponer en el Louvre…

Si no vas a vivirme así… entonces te repito: no me traigas.

Si no vas a estar en una tensión permanente en busca del equilibrio entre protegerme y dejarme ser, si no vas a respetar desde el vamos que soy otra persona y no un prolongación tuya, si no vas a trabajar todo el tiempo para que algún día pueda irme y hacer mi “propia” vida, si no vas a hacerme la princesa de tu reino pero absoluta reina del mío… no me traigas.

Si no estás preparado para aceptar que un día seré señorita y en algún momento mujer y que seré yo quien elija cuándo y con quién serlo…

Si no estás listo para llevarme e ir a buscarme a las Matiné, los +15, +16 y todos los inventos que se hicieron para que pudiéramos ir a boliches desde chicas y dormir sólo 3 o 4 horas sólo para poder olerme y “medirme” para asegurarte que no haya tomado de más…

Si no estás preparado para decirme “no” las veces que haga falta, “sí” las veces que se pueda y hacerte el tonto algunas otras…

Si a medida que crezca no vas a tolerar que te juzgue, te critique, te discuta, y no vas a estar dispuesto a explicarme lo que no entienda, contarme lo que no sepa y pedir perdón por lo que hayan sido errores…

Si no vas a ser mi faro en puerto seguro toda tu vida, al que voy a volver cada vez menos pero que necesito que esté ahí las veces que quiera un consejo, un oído o simplemente un abrazo… entonces una vez más te digo: no, no me traigas…


Pero si decidís traerme porque creés que vas a poder hacer todo esto y mucho más, si estás convencido de que realizarte como ser humano me incluye como una piedra fundamental, si vas a disfrutar este camino conmigo… te garantizo, te aseguro, te firmo, que vas a ser inmensamente feliz durante toda nuestra vida juntos.

Y va a pasar algo grandioso: vas a hacerle pito catalán a la muerte.

Porque te juro que vas a seguir sonriendo aún cuando te hayas ido a ese Más allá en el que no creés,

cada vez que te piense,

cada vez que te recuerde,

cada vez que te nombre… “Papá”.

Ver más notas