Ya era hora…

Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.Evelyn Beatrice Hall, biógrafa británica

Debo confesar que me cuido. Puedo ser mucho más irónico, mucho más sarcástico y hasta por momentos un monumental descarado a la hora de opinar sobre cualquier tema. Y ni se dan una idea de hasta dónde puedo llegar si se trata de hacer chistes…

Pero me cuido. Trato de suavizar un poco aquellas cosas que sólo pueden soportar los que me conocen lo suficiente como para comprender la broma, la burla o la intención de digerir las cosas que me joden de este mundo.

Hace un tiempo, inspirado por una charla con mi hija menor, se me ocurrió abrir un espacio en mi página del blog en Facebook que dio en llamarse “Miércoles de reflexión”. Un espacio que plantea divertirse una vez a la semana con cualquier tema. Así es como he hecho chistes a partir del romanticismo, las mujeres, los hombres, y por supuesto, de mí mismo.

Aquellos que leen estos “Miércoles de reflexión” bien saben que es un día que interactúo mucho con los lectores y que muchas veces –sobre todo cuando el lector es nuevo– debo explicarle que se trata de un chiste. Trabajo que me tomo cada vez, todas las veces.

Y aquellos que los leen siempre saben que la última vez me fue negada por Facebook la posibilidad de promocionar el post por ser considerado “profano”.

También saben que, haciendo alarde de la ironía de la que soy capaz, generé un segundo post en el que denunciaba la prohibición y convocaba a los lectores a que lo buscaran para poder leerlo.

En ese segundo post que sí me dejaron promocionar, una lectora comentó: “Ya era hora”. Un comentario que interpreté como un aplauso a la censura de mi post original, seguramente porque más de una vez se habrá sentido molesta por aquellos chistes que tocaran de alguna manera su sensibilidad.

Quizá fue una ironía y esta vez soy yo quien olvidó que era “Miércoles de reflexión” y que se jode con todo, pero de todas maneras voy a usar a esta lectora para escribir lo que pienso al respecto suponiendo, tal como parece, que lo escribió en serio.

Querida lectora:

Todos los días me enfrento a cosas que me desagradan. Todos los días leo alguna cosa que me parece un disparate y escucho cosas que juzgo barbaridades. Todos los días digiero con alguna puteada dicha a nadie algo que me parece directamente aberrante.

Cuando veo que alguien dice que los negros deberían seguir siendo esclavos o que es una pena que hayan interrumpido la tarea de exterminio de Hitler, no te quepa la menor duda que no me hace ninguna gracia. Porque esas cosas que leo o escucho son escritas y dichas en serio. Absolutamente en serio. Hay gente en este mundo que opina de una manera tal que necesito un frasco entero de Reliverán para no vomitar.

Pero… si a alguien se le ocurriera prohibirles a esos idiotas decir lo que dicen porque molesta, porque está mal o porque hiere su sensibilidad, ahí me tendrías defendiendo el derecho de estos zoretes a expresar lo que se les cante el culo.

Por? Acaso no dije que me daban náuseas?

El problema es que si comenzamos a prohibir expresiones porque nos molestan o hieren nuestra sensibilidad estamos deslizándonos en un barro muy, pero muy peligroso.

Porque si me dejás esa tarea a mí, hoy puede que censure a estos imbéciles y vas a estar chocha. Y mañana, en una de ésas, censuro a otros simplemente porque no me gusta su opinión política. Y tal vez estés igual de chocha porque esa opinión te parecía una barbaridad.

Pasado mañana puede que censure a otro porque no me gusta lo que come. Y vos, de fiesta. Porque vos también opinabas que lo que come es una porquería.

Y cuando lo censure por cómo se viste, vas a aplaudir que no le permita usar esos trapos andrajosos como si fueran ropa decente…

Pero, tal vez un día decida no dejarte expresar tu voluntad política “de mierda”, no te permita comer tu “asqueroso” arroz con leche, ni puedas ponerte ese pantalón de “hippie sucia”. Y ya no vas a estar tan chocha.

Cuando no puedas escuchar ese “reggaeton de negro cabeza” que escuchás, ni puedas leer esa “basura marxista” que leés y mucho menos escribir tus “retrógradas” ideas, te va a molestar un poquito.

Y cuando te persiga, te cace y te torture hasta doblegarte para que cambies tu forma de pensar, vas a pedir una máquina del tiempo para volver al día en que Facebook me censuró por “profano” y en lugar de escribir “Ya era hora”, simplemente vas a expresar tu desagrado o más simplemente aún, vas a dejar de leer lo que escribo.

Porque yo te digo que no “era hora”. “Es ahora” el momento en el que tenés que defender el derecho de este infeliz que te escribe a meterse con Dios y María Santísima.

La libertad en sociedad se apoya en la libertad de expresión. La libertad de expresión es quizá la base misma de la libertad. Y eso es algo que “ya es hora” de que comprendas.

Porque si no, tal vez lamentes en un futuro en el que no haya máquina del tiempo, la ideología de mierda que hoy defendés por el sólo hecho de no ser vos a quien le toca sufrirla.

Y recién entonces puedas comprender,

aunque tarde,

lo esclavo que uno puede ser por sus palabras…

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