Etiqueta: sociedad (página 6 de 11)

Te la estás buscando

A veces, la realidad puede ser una porquería.
Pero eso no la hace menos real.El autor

Hace poco vi un documental en el que un león esperaba agazapado a que un ciervo hembra pariera su bebé. En cuanto el indefenso animal estuvo fuera del vientre de su madre, el león atacó.

Como era de esperar, le fue absolutamente sencillo atrapar a ese cervatillo cuando aún no terminaba de aprender a pararse. Fue por la presa más fácil, aquella que ni siquiera podía darle pelea.

Brutal. Cruel. Un hijo de puta el león…

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Entre las llamas del infierno

Abandone toda esperanza aquél que entre aquí.Dante Alighieri, La divina comedia

Antes de que termines de leer estas líneas un viejo se sentirá cansado y solo y algún marginado va a golpearlo por el sólo hecho de que su ancianidad le resulta repugnante. Y algún grupo neonazi dará muerte a otro marginado porque les resulta repugnante su genética.

Antes de que termines de leer estas líneas, algún joven, por desesperación o hastío, se habrá drogado hasta la inconsciencia, sumido en la desesperación por encontrar algo que lo saque de este mundo que no lo alberga…

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Cambiar el Mundo

Lo que está mal está mal, aunque lo haga todo el mundo,
lo que está bien está bien, aunque nadie lo haga.Anónimo, publicado por mi madre en su FB

En el Teatro Colón debe haber más de 1200 luces. Tan sólo la araña de bronce central cuenta con 735 lamparitas. Si una de esas 735 se quemara, dudo que fuera posible que un tipo que está esperando que el espectáculo comience notara que hay menos luz y le comentara a su mujer: “Che, se ve menos, no?”. Casi puedo afirmarlo.

Nadie notaría que hay una lamparita que ya no emite su luz, pero la realidad cambió, es indiscubtible que hay menos luz. Aunque nadie se dé cuenta…

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Una guerra absolutamente perdida

Ves al mundo como es y como debería ser.
Lo que no ves es la gigantesca grieta en el medio.House a Cuddy, en Dr. House

Cuando mi hija mayor cumplió un año con el que entonces era su novio, allá lejos, a sus 16 años, el pibe desplegó un romanticismo del que no parecía capaz y le trajo de regalo un oso de peluche del tamaño de King Kong. Oso que dejaron sentadito en uno de los sillones del living cuando partieron a tomar algo.

En el otro sillón estábamos la que entonces era mi mujer y yo, mirando tele.

Señalando al oso, le dije:
–Sabés qué es eso?
–Qué? –me preguntó, sólo para darme el gusto de que pudiera desparramar un poco de mi ironía.
–La próxima decoración de nuestra cama…

Me miró como me miraba cada vez que yo sacaba a relucir mi lado “House”, meneó la cabeza entrecerrando los ojos y seguimos viendo la tele.

Sonreí, regodeado en la acidez de la que soy capaz…

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