La juventud perdida

Que no te preocupe hacerte viejo.
Vas a seguir haciendo pendejadas… pero más despacitoAnómimo

Ya no puedo ir a tomar caña Legui a la estación de trenes de Flores como hacía a mis 15 años. Ya no tengo edad ni pulmones para comprarme un paquete de Particulares 4 sin filtro a medias con el Pollo y sentarnos en algún umbral de una casa a charlar hasta tarde todas las noches. Ya no puedo tocar timbres y salir corriendo todos los mediodías al regreso del colegio. Mucho menos para jugar al ladrón y afanarme alguna boludez del kiosquito de la misma estación de trenes, cada vez que volvemos con Esteban de Educación Física, a las siete y media de la tarde. Y mi abuelo ya no vive para poder confesarle eso sólo porque a Esteban lo atraparon cuando se sentó “a descansar” cuando el dueño del kiosco nos corrió. Y escuchar a mi abuelo murmurar “qué boludo”…

No. Ya no…

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