Cuando cae la noche

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–Estás aquí?
–Nunca me fui.
–Por qué te quedaste?
–Por si me necesitabas…Instagram.com/Escritos

Hace unos días me encontré con mi hija menor a “tomar la leche” juntos. Es increíble cómo van variando las charlas con ella a medida que crece. Alguna vez, “ayer”, cuando llegaba del primario, me contaba de la maestra guacha o de la compañerita con la que se había peleado. Y yo sólo la escuchaba y la aconsejaba.

Hoy la escucho hablar de novio, laburo, su proyecto de viaje a Nueva Zelanda. Y charlo y opino. También ella me escucha. También ella charla y opina sobre las cosas que le cuento de mi vida, esa vida que mientras era chica estaba oculta, silenciada: mis planes, mis sueños, mis alegrías y tristezas.

Y por eso puedo charlar con esta “mujer” de temas tan “de grandes” como el amor.

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En compañía de mi soledad

Encontré uno de mis calcetines sin pareja.
Lo abracé fuerte y le dije “Sé por lo que estás pasando”.
Lloramos… fue hermoso.Anónimo

Sé lo que pasó la primera vez que estuve solo en mi vida porque mi madre me lo relató con lujo de detalles. Sólo por eso puedo contar cómo fue el momento en el que vine a este mundo…
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Fidelidad a la cacerola

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En el amor, la constancia es necesaria;
la fidelidad, es un lujo.Massimo D’Azeglio

Es un disparate conceptual que alguien pueda comer todos los días la misma comida durante años y años y que le siga gustando tanto que nunca tenga el deseo de probar otra.

Es más, es absolutamente imposible que no la pruebe. Que no le dé un buen mordisco a otra carne, aunque más no sea para variar. Aunque sólo sea por el placer de la diversidad.
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Desde mi isla perdida en el mar

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Espero que alguien reciba
mi mensaje en una botella. The Police, Message in a bottle

Soy el tipo que a veces se deja la barba más allá del largo que te gusta. El que se baña a diario hasta que se le juntan tres días de kilombo en el laburo y se mete en la cama, así como vino, durante esos tres días…

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La magia del amor

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–Qué hermosas flores! Son para mí? –preguntó ella.
–Usted es del 5to C? –repreguntó el florista.
–Si… –balbuceó ella sorprendida, con una tenue sonrisa que le bailaba en la boca.
–Entonces son para usted.

Recién estaba conociendo a la que más tarde sería mi segunda mujer y ese día era la víspera de su actuación en el Astral con el Coro Kennedy. Había comprado la entrada (sí, “la” entrada, fui solo) a la mañana y decidí la “jugada” de enviarle por adelantado las clásicas flores que se dan después de la actuación, combinadas con una tarjetita que lo justificaba.
“En este mundo del revés donde nuestras hijas se conocen antes que nosotros, primero van las flores y después voy a verte”, se podía leer. (Un galán yo…).

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