Carta a una mujer de cierta edad

Entonces se desnudó y donde ella aseguraba que sobraban kilos,
yo juré que le faltaban besos.elementospe.com

La autoestima es eso: auto. Es algo de uno con uno mismo. Pero lo especular, lo que tiene que ver con la imagen que el otro nos “devuelve” no es moco de pavo, precisamente.

Hace un tiempo escribí una nota (Una especie en vías de extinción) en la que nos hacía cargo a nosotros, los hombres, de estar diezmando a las mujeres reales a partir de valorar una estética perfecta, joven –muy joven–, absolutamente inalcanzable para estas mujeres reales después de “cierta edad”.

Bien… vaya ésta, la carta de un hombre cualquiera a una mujer cualquiera, como reafirmación de qué es lo que valoramos los hombres –hombres– cuando nosotros también alcanzamos “cierta edad”.

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El secreto de mis ojos

el secreto de mis ojos

De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves.
Que te enseñen a mirar con otros ojos.Mario Benedetti

–Saliste a la calle? Vos te vas a morir, papá. No sabés lo pesado que está el clima –me dijo al teléfono mi hija menor.
–Sí, ya sé. No salí, pero ya vi por la ventana el color del día –contesté.
–El color? –preguntó casi riéndose.
–Sí, el color. Cuando está pesado y húmedo los colores del día cambian –contesté.

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Una especie en vías de extinción

Cuanto más conozco a los hombres, menos los quiero;
si pudiese decir otro tanto de las mujeres, me iría mucho mejor.Lord Byron

Ya no hay mujeres. Y no, no lo digo con el fin de oponerme al “ya no hay hombres” tan repetido por la féminas de la humanidad. Lo digo en serio: hay pendejas, pero después de cierta edad no encontrás una mujer ni en una subasta de corpiños.

Pero es culpa nuestra.
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