Mi arma secreta

No crezcan, es una trampaAnónimo

Después de ese primer momento en el que el otro es sencillamente perfecto; después de ese segundo momento en el que toda esa perfección se viene en banda y se empieza a ver al otro tal cual es, llega la hora de decidir. Y cuando ese otro “nos calza” de una u otra manera, decimos un silencioso sí y comenzamos a construir ese amor que estamos empezando a sentir.

Y así va creciendo ese amor que estamos construyendo. Y así va creciendo nuestra relación, nuestro vínculo con el otro. Y así vamos creciendo nosotros…

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Jamás serás mi hijo

Nadie puede robarme lo que nunca fue mío.El autor

Dedicada a Agustín, mi yerno. Y a mi hija, que lo eligió.

Es uno de los párrafos más usados por los padres en los brindis de casamientos. “No pierdo una hija, gano un hijo” parecería ser la forma que los hombres tenemos de resolver el Complejo de Electra con nuestras hijas. Algo así como “si no puedes con ellos, úneteles”.

Te “llevás” a mi hija fuera de mi casa? No, yo te traigo a vos para adentro. Única forma que encontramos de digerir que nos roben tamaño tesoro…

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Antes de que se pudra

antes de que se pudra

Durará tanto como lo cuides.
Lo cuidarás tanto como lo quieras.Anónimo

Hogar, dulce hogar. Jardín, hermoso jardín. Y ahí estamos, bien “plantados”, cuidando nuestra plantita, ésa que nos acompaña en la vida. Pero es agotador, realmente agotador. Por mucho que la amemos, hay momentos en los que nos sentimos cansados.
Porque es cada día, todos los días. Y son muchos los días de una vida.
El cansancio es absolutamente inevitable…

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Al final, voy a estar allí

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Si te caes, te levanto.
Y si no puedo, me tumbo a tu lado.Julio Cortázar

Te amo. Pero no es para tanto.
Es para siempre.Grafitti anónimo

Por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender –y que por la edad que tengo y los años que hace que lo intento, pienso que nunca llegaré a hacerlo– a los seres humanos nos encanta complicarlo todo.

Vivimos hablando de las cosas simples de la vida y después, a la hora de vivirlas –en un acto de magia digno del Efecto Carbonaro– logramos transformarlas en ecuaciones cuánticas inentendibles.
Cómo hacemos para llegar a eso? Ni idea. Pregúntenle a Carbonaro…

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