Contra viento y marea

El diablo susurró en mi oído:
–No eres lo suficientemente fuerte para resistir la tormenta.
Hoy le susurré al diablo en el oído:
–Yo soy la tormenta.Vida lúcida

Aquellos que por los (d)años vividos venimos más o menos lastimaditos tenemos un sistema de alerta que cierra en forma automática la escotilla cuando conocemos a alguien que, por el motivo que sea, “nos mueve el piso”, cuando hace que nuestro barco escore y peligre en zozobrar.

No queremos más Lola –hoy voy a usar todos los dichos que denuncian la edad que tengo– porque esa “Lola” terminó demasiadas veces en lola-mento. Y la pasamos como el culo en el camino de ese lamentar…

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Un día más, como cualquiera

Si no hiciste estupideces cuando eras joven,
no tendrás de qué sonreír cuando seas viejo.No me acuerdo quién lo dijo

No sé si cumplo 55, o es 5… 5… 5… y me dio la apoplejía…Chiste pelotudo que ya dije 300 veces

Dedicada a Oscar, que la inspiró.

Cuando los mortales empezamos a llegar a “cierta edad” nos dividimos en dos grandes grupetes en función de cómo la llevamos. Uno, que añora “los mejores años de su vida” y los recuerda con depresiva melancolía y otro, que pretende que estos son los mejores, tratando de compensar que “ya no son los mismos” que hace años.

Cumplimos 40 y nos da la popular crisis de la mediana edad. Repasamos qué hicimos, qué no, qué es lo que estamos a tiempo de hacer y qué ya no. Algunos sólo se deprimen por un rato, otros se separan y se compran una moto y una campera de cuero, alguna se encama con algún pendejo.

Cumplimos 50 y nos viene a la cabeza la estrofa de Cacho Castaña: “Voy camino a los cincuenta, punto y coma de la vida, sin pensar, sin darme cuenta, cerca del punto final”. Hijo de puta! Cerca del punto final?? La puta que te parió, Cacho…

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Cambiar el Mundo

Lo que está mal está mal, aunque lo haga todo el mundo,
lo que está bien está bien, aunque nadie lo haga.Anónimo, publicado por mi madre en su FB

En el Teatro Colón debe haber más de 1200 luces. Tan sólo la araña de bronce central cuenta con 735 lamparitas. Si una de esas 735 se quemara, dudo que fuera posible que un tipo que está esperando que el espectáculo comience notara que hay menos luz y le comentara a su mujer: “Che, se ve menos, no?”. Casi puedo afirmarlo.

Nadie notaría que hay una lamparita que ya no emite su luz, pero la realidad cambió, es indiscubtible que hay menos luz. Aunque nadie se dé cuenta…

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Cuando pase el temblor

Me encontré con este espacio de nuevo,
con ese niño que me habita.Fabio Massaro, entrañable amigo

Si digo que cada tanto la Vida nos lastima no creo que nadie se atreva a contradecirme. Todos y cada uno de nosotros tenemos ejemplos autorreferenciales que avalan esta sentencia.

Pero a mí me gusta más decir que la Vida nos marca, nos cincela, nos va dejando cicatrices como consecuencia de esos temblores que nos tocan soportar cada tanto. Va, de alguna manera, agrietando esa tersa piel con la venimos al mundo, en una cruel sociedad con el paso de los años, que aportan lo suyo al detrimento de lo que vemos en el espejo cuando nos lavamos los dientes. Pero, paradójicamente –o tal vez no– las cicatrices que quedan son las partes más fuertes, más sólidas, más resistentes de nuestra piel…

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Teoría de la cremallera abierta

Prepárense para andar con el cierre bajo…El autor

Mal que nos pese, la vida es realmente un jardín de rosas. La vida es bella, sin lugar a dudas, pero igual de repleta de espinas que el metafórico jardín.

Por eso, al mismo tiempo que la transitamos, disfrutando de sus tiernos colores rosas, blancos puros y pasionales rojos, nos vamos lastimando en el camino con las púas que el hermoso aroma que despiden no siempre compensa…

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Una guerra absolutamente perdida

Ves al mundo como es y como debería ser.
Lo que no ves es la gigantesca grieta en el medio.House a Cuddy, en Dr. House

Cuando mi hija mayor cumplió un año con el que entonces era su novio, allá lejos, a sus 16 años, el pibe desplegó un romanticismo del que no parecía capaz y le trajo de regalo un oso de peluche del tamaño de King Kong. Oso que dejaron sentadito en uno de los sillones del living cuando partieron a tomar algo.

En el otro sillón estábamos la que entonces era mi mujer y yo, mirando tele.

Señalando al oso, le dije:
–Sabés qué es eso?
–Qué? –me preguntó, sólo para darme el gusto de que pudiera desparramar un poco de mi ironía.
–La próxima decoración de nuestra cama…

Me miró como me miraba cada vez que yo sacaba a relucir mi lado “House”, meneó la cabeza entrecerrando los ojos y seguimos viendo la tele.

Sonreí, regodeado en la acidez de la que soy capaz…

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