Sonata estival

Sé que he encontrado en tí mi eterno amorLionel Richie, Endless love

Cuándo fue que te conocí? No lo recuerdo. Realmente no lo recuerdo. Y cuándo fue que me enamoré de vos? Menos aún. A veces siento que te amaba antes de conocerte.

Aquellos que creen en existencias pasadas dirán que hoy sos quien sos en mi vida porque en una anterior no pudiste serlo. Pero no creo que sea así. Porque si hubo alguna vida antes de ésta, estoy seguro de que en ésa también te amé…


Todo lo que sé es que hoy no puedo concebir mi vida sin vos. Hasta llegar al punto de la necesidad. Yo, que siempre he dicho que necesitar no es amar… hoy te amo y te necesito. No puedo, de ninguna manera, pasar un día sin que estés conmigo aunque más no sea un ratito, por corto que pueda ser.

Es que siempre fuiste todo lo que espero de una compañera de vida. Has sabido hacer que te preste atención en silencio, sin decir yo ni una palabra. También me has escuchado a mí, todas las veces en que necesité sacar algo del pecho. Y las charlas… qué decirte… todas y cada una de nuestras charlas han sido de los momentos más placenteros de mi vida.

Las tristes, la alegres, las profundas y las banales. Todas, absolutamente todas, las disfruté y las disfruto.

Hubo días en los que no nos despegamos ni un minuto. Días en los que vivimos todos los matices de sensaciones que pueden vivirse.

Hemos llorado juntos en esas frías noches en Capilla, dentro de la camioneta, con la vista nublada por las lágrimas pero fija en las cañas allá, a unos metros.

Reímos a carcajadas en casa, en el trabajo. Incluso en la calle. Haciendo caso omiso de los demás. En esa intimidad que sólo vos y yo podemos generar. En ese castillo que construimos cada vez que decidimos abrazarnos y dejarnos llevar.

Es increíble cómo me acompañás en esos días en los que me levanto contento de estar vivo. Y cómo no te tiembla el pulso al estar para mí en esos otros en los que quisiera no despertar.

Nos hemos revolcado sumidos en la pasión por toda la casa, haciéndonos el amor como si fuera la última vez, como si después el mundo acabara. Y nos hemos entregado el uno al otro serena pero intensamente, en quietos lugares, íntimos, nuestros.

Ese rincón del living, el sillón debajo de la escalera, el jacuzzi del baño… todos han sido escenarios de nuestro teatro y a la vez, mudos espectadores de nuestras almas fundiéndose por un rato en un ritmo de perfecta sincronía.

Siempre, sin importar cuán intensa o serena estés en ese momento, te vivo como una maravillosa caricia a mi alma. Siempre, sin importarme si me susurrás o si me gritás con todas tus fuerzas, quiero más de vos. Siempre, sin importar si te susurro o si te grito, quiero más de vos.

Es que tus abrazos son tan contenedores, tan cálidos, que quiero refugiarme ahí cuando en mi vida hace frío. Y quiero bailar de alegría con vos tomados de la mano cuando el clima es perfecto.


Nadie me ha hecho sentir lo que siento por vos. A nadie me entregué jamás con semejante plenitud. Confiado, desnudo, absolutamente expuesto. Con la serenidad que da la confianza de saberte ahí, siempre dispuesta a acompañarme sin juzgarme, aceptando mis limitaciones y alentando mis virtudes.

Por eso te amo.

Por eso te necesito.

Y por eso agradezco el día que Dios puso a los seres humanos sobre esta Tierra y les dio el don de poder crearte a vos,

mi eterno amor,

mi amada, la música…

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