Reto al destino

Incluso la gente que dice que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, mira antes de cruzar la calle.Stephen W. Hawking

Voy a aceptar que hay cosas que parece que alguien, con un poderoso dedo, las puso ahí, en nuestro camino. Porque muchas veces sentimos que no importa lo que hagamos, pasan cosas que estaban predestinadas a pasar, porque ese alguien con el dedazo gigante las acomodó de antemano, para que nos estuvieran esperando…

En general, usamos esta postura filosófica para explicar cosas chotas que nos rompen las pelotas y para calmar ansiedades y angustias de todo tipo porque, si tiene que ser, será. Si tiene que pasar, pasará. Si es tu Destino, ya llegará.

A mí en particular me gusta mucho el cuentito del tipo que se está ahogando y reza para que Dios lo salve y que es más o menos así:

El tipo reza y reza. De repente, viene un bote y le estiran la mano. Y el tipo, lleno de fe, se niega a que lo ayuden, porque Dios va a salvarlo. Así, tres veces. Se muere, obvio. Y cuando llega al cielo se queja ante Dios porque a pesar de su fe, Él no lo salvó. A lo que Dios le responde: Tres botes te mandé, pelotudo… Tres! Te costaba mucho esfuerzo subirte a uno?

Con el Destino muchas veces hacemos lo mismo.

Nos sentamos a esperarlo, con la misma fe con la que el idiota del cuento se queda en el agua. Porque –total–, si tiene que ser, será. Nos contamos la historia del culorroto suertudo de Arjona cantando en la calle y decimos: “Ves? Cuando tiene que ser, es”. No hay caso. Era el Destino del tipo que pasara justo un boludo por esa calle y, cual testaferro del que tiene el dedo grandote, lo levantara del piso y lo llevara a donde hoy está.

Y seguimos tomando sol en el andén del Destino, charlando con el de al lado, que está esperando el suyo. Miramos el reloj impacientes y nos asomamos a la vía a ver si viene… No, ché… qué cagada… Qué habrá pasado? Tanta demora no es posible… Pasan los días, pasan los meses, pasan los años y no quedan ni los artistas.

Y el Destino hijo de puta? Cuándo llega, maldita sea?

Bien…

No creo que alguien sentado allá arriba se la pase jugando a De Tín Marín, de Do Pingüé, decidiendo con su dedote si nos “toca” o si nos aplasta.

Pasan cosas? Simplemente “pasan”? Así? Sin sujeto? No lo dudo ni por un momento. Y no todas son chotas, para nada. Es absolutamente cierto que hay cosas que suceden en la vida, de las buenas y de las no tanto que parece que estaban ahí antes de que llegáramos nosotros, esperándonos.

Dios las pone en nuestro camino?
Es el Destino?
La Vida misma?

Ni la más puta idea… cómo saberlo…

Pero de algo estoy seguro: Ni a palos me quedo en el andén. No me siento ni por un rato a esperar. Ni siquiera voy a perder el tiempo mirando el reloj.

Lo que “pase” bueno en mi vida será porque yo hice una parte y lo que “pase” malo será a pesar de que yo hice mi parte.

Nunca, jamás, me voy a sentar. Nunca, jamás, voy a dejar de ser parte de mi propia vida. Voy a buscar yo cada bote que ande por ahí cuando me esté ahogando o voy a ser yo quien lo reme hasta ese que lo esté necesitando.

Siempre voy a estar haciendo algo, que nunca va a ser sentarme a esperar.

Vengan Dios, Destino, Vida… dénme una mano, que siempre viene bien.

Pero no se hagan problema,

que remar,

la remo yo.

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