Quién es esa mujer…

Hacés que quiera ser mejor persona.Jack Nicholson a Helen Hunt, en Mejor imposible.

Alguien me hizo notar hace poco que no podía saber a quién me refería cuando hablaba de “esa” mujer. Si a lo largo de mis notas las nombro una por una a las mujeres que de una u otra manera son o han sido parte de mi vida… quién es ésta, la que no tiene nombre…

Qué mujer es tan poderosa que hace que la silencie, como si intentara tener algún control sobre lo que escribo.

Quién es “esa” mujer a la que pareciera no querer nombrar?

Es que no importa quién es. No importa su nombre. Del mismo modo que no importa cómo es.

Porque es “esa” mujer por lo que genera en mí cuando estoy con ella.

Esa mujer es la que me hace sentir bien como hombre. Protector, fuerte, decidido, seguro de mí mismo. La que me deja desplegar mi pecho cada vez que hace falta. Es la mujer que cuando me interpongo entre ella y lo que sea, me apoya una mano en el hombro desde atrás, me toma por la cintura con la otra y apoya su cabeza contra mi espalda haciéndome sentir la serenidad que le provoca que sea yo quien está a cargo en ese momento.

Pero que cuando necesito hacerme un bollo y acurrucarme en posición fetal buscando infructuosamente caber en su regazo, me hace sentir aún más hombre, aún más fuerte. Porque vive mi hombría también en mi capacidad de sentirme débil, necesitado, desprotegido. Y es ella quien en esos momentos toma el mando y me hace sentir seguro.

Y cuando la Vida propone situaciones para las que hacen falta dos, ahí está, tomando mi mano con firmeza, caminando a la par, haciéndome sentir que nada puede contra ambos. Dándome la seguridad de su espalda contra la mía, cubriendo todos los frentes, defendiendo todos los flancos.

Quién es “esa” mujer?

La que me dice que soy un boludo y hace que me ría. Es la que logra que reconozca mis defectos y luche por corregirlos. La que me devuelve paciencia cada vez que mi terca cabeza no entra en razones. Es la que me la abre cuando está cerrada.

Quién es?

Es la que da aliento a mis proyectos, festejo a mis logros, consuelo a mis fracasos. Y fuerzas para volver a empezar, para seguir adelante. Es la que me calma en mis días de furia. La que me hace reír cuando pasé mucho tiempo serio. La que me pone serio cuando percibe que mi risa oculta algún dolor.

Esa mujer es la que me hace sentir valorado por quien soy, pero también por quien quiero ser. Es la que hace que cualquier esfuerzo que tenga que afrontar no me quite energía. Es la que hace que tenga aún más energía cuando tengo que esforzarme.

Quién es “esa” mujer?

La que logra que quiera seguir aprendiendo porque conoce la humildad escondida detrás de mi armadura de fanfarrón. Es la que me deja hacerme el canchero y ríe conmigo. Es la que me deja ser tonto, bien tonto. Inocente, bien inocente. Y logra así que yo no tenga la abulia que caracteriza a los que realmente creen que se las saben todas.

Esa mujer es la que cada tanto me recuerda que no me las sé todas y me enseña una nueva. O que sólo me lo recuerda para protegerme de la soberbia de la que a veces soy capaz. Es la que me baja y me hace poner los pies sobre la tierra. Y la que me empuja y me sostiene para que pueda volar.

Quién es “esa” mujer?

La que hace que quiera llegar. La que todo me lo pinta con colores, aún los grises más oscuros de mi vida.

Es la que me parte la boca, me aprieta el culo y cae conmigo al sillón. O al piso.

Es la que toma mis mejillas entre sus manos y apenas apoya sus labios contra los míos.

Esa mujer es la que besa mis lágrimas y me regala su sonrisa.

Quién es?

La que me desafía con su inteligencia, la que me combate con sus ideales, la que me sacude con su forma de ver la vida. La que me hace cuestionarme, aún en las cosas en las que se supone que estoy convencido. Es la que logra que mezcle y dé de nuevo.

Es la que me deja ser hombre y nene, invencible y abatido, ignorante y sabio, pedante y humilde, inexperto y seductor, duro y sensible…

Es la que desnuda mi cuerpo, pero sobre todo, la que desnuda mi alma.

Esa mujer es “esa” mujer porque me da lo mejor que alguien puede darme.

La posibilidad de ser,

en todo mi esplendor,

nada más ni nada menos que yo mismo…

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