Qué me van hablar de amor!

No, no anduve siempre en amores.
Y en las cosas del amor, muchos saben más que yo.Adaptación de la letra del tango

Es hasta increíble lo prolífico de la producción fílmica norteamericana (qué cheta manera de decir que hay muchas películas) en torno del amor. Y aceptémoslo: hace años que compramos Hollywood in toto. El paquete completo…

Y vamos por ahí buscando esa pasión que hace el amor rebotando por las paredes del cuarto, mientras se arrancan la ropa como si la hubieran comprado en un outlet, en la fantasía de que nos van a dar los biceps para bancar todo el peso de nuestra mujer colgada de nosotros, con las patitas rodeándonos la cintura, rompiendo todas las ofertas de Easy Home a nuestro paso.

Creemos que las luces van a generar climas ideales en exquisitas mezclas de locura y desenfreno, sazonadas con el rojo fulgor de la desesperación del deseo.

La música, a elección. Con una amplitud que va desde Celine Dion hasta The Clash, desde el tema de El Guardaespaldas al de la escena del lobby en The Matrix, dependiendo del perfil de nuestros gustos.

Con cámaras lentas que retrasan el tiempo que dura ese beso y permiten disfrutar de cada contorsión que nuestros labios hacen al encontrarse…

En fin…

Yo, que en las cosas del amor, sé mucho menos que muchos, lo veo de otra manera.

Para mí el amor es –simplemente– una amistad de la gran puta.
Y eso es todo. Nada más. Y todo eso. Ni un poquito menos.

Es compartir la vida con el otro. Es caminar juntos. Es complicidad.

La pasión, el deseo, el erotismo, juegan un rol bien importante, pero no fundamental. El sexo no funda nada, no cimienta nada. Y los biceps no me dan para sostenerla.

No necesito romper la camisa ni iluminar el cuarto con equipos fotográficos profesionales.

Música? Puede ser… pero puedo prescindir de ella. Porque lo que se pone en juego tiene más que ver con la intimidad de la comunicación con el otro que con el despliegue de dotes de latin lover.

Disfrutemos de las escenas pero no las compremos. Porque siempre son –en sí mismas– un reduccionismo efectista y nada más.

El amor no es tan espectacular. Es mucho más que eso.

Es un nosotros constante sin la más mínima mella del tu y yo. Es una decisión cotidiana, es reelegir todo el tiempo. Un “sólo por hoy” como decía una encíclica papal, que se dice todos los días. Es un cartelito de hoy se fía y mañana también colgado permanentemente.

Y la base no es la cámara lenta, ni las luces, ni la música de fondo. El pilar más sólido donde el amor real se sostiene es esa maravillosa amistad que hace que todo, hasta las peleas, sea hacer el amor. Hacerlo, construirlo.

Día a día, todo el tiempo.

Nos lo digo no sin un toque de soberbia, porque en las cosas del construir,

aunque tenga que aprender,

nadie sabe más que yo…

Soool-dó!

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