Promesa de amor

No es difícil encontrar alguien que te ame.
Lo difícil es encontrar alguien que no deje de hacerlo.Anónimo

He escuchado hasta el hartazgo promesas de amar como nadie jamás lo ha hecho, de besar como nunca nadie lo hizo, de hacer el amor con más pasión que cualquiera.

Nada de eso puedo prometerte…


Soy un tipo absolutamente aferrado a lo real. Aún sin perder ni un poco de mi capacidad para soñar, mantengo mi pasión por lo verdadero. Por lo tangible. Por aquello que es realizable.

Y cuando de amor se trata, más aún. Más me aferro a la realidad, a aquello que es posible. Porque creo que es la base más sólida sobre la cual se puede construir una relación que perdure en el tiempo con ese otro del que estamos enamorados. Y porque creo que eso es estar enamorado: “ver” al otro y elegirlo así, tal cual es. Elegirlo por cómo es.

Y por eso hoy voy a escribirte esta carta con mi promesa real, posible, aún cuando puedas pensar que se parece más a un discurso que a una romántica correspondencia.

Si eso es lo que sentís cuando la leas, creéme, estarías en un error.

Ésta es, probablemente, la más poderosa declaración de amor que puedo escribirte…

Amor,

No tengo manera alguna de saber si mis besos van a ser como los que nadie te ha dado. Ni la más remota posibilidad de saber a ciencia cierta si te haré el amor como ninguno lo ha hecho hasta ahora. Mucho menos de saber si voy a amarte como jamás te han amado.

No puedo prometerte besos jamás sentidos.

Ni sensaciones nunca vividas.

No puedo asegurar que jamás te quisieron como voy a quererte.

Cómo podría?

Cómo saber con cuánta pasión te han besado, con cuánta entrega te han hecho el amor, con cuánta intensidad te han amado?

No.

No puedo prometerte ser mejor que nadie. Ni lo intento. Ni siquiera me interesa…


Pero sí puedo garantizarte que voy a ser yo, absolutamente yo a cada instante. Y que voy a dejar la vida en intentar todos los días ser la mejor versión de mí mismo que pueda. Por mí mismo. Lo que te garantiza la constancia en intentarlo…

Voy a hacerte reír todas las veces que pueda y quizás alguna sea con un buen chiste. La mayoría de las veces va a ser haciendo estupideces. Y ésas son las risas que puedo prometerte; las hechas a base de sencillez, de soltura, de comodidad con el otro.

Podés contar con que los detalles sean para mí uno de los pilares de lo nuestro, por mi propio placer. Porque quiero disfrutar de ver cómo te hago sentir con eso. Y por el tuyo. Porque son esos detalles los que van a decirte cuánto te pienso, cuánto te llevo conmigo, estés o no estés a mi lado en ese momento. Y así vas a poder sentirte amada todo el tiempo, estés o no a mi lado en ese momento.

A lo largo de mi vida me ha tocado navegar en mares embravecidos más de una vez y es eso lo que me ha hecho un experto marinero. Por eso puedo prometerte calma durante las inevitables tormentas que tendremos que pasar y fuerza para atravesarlas y dejarlas atrás, acumulando experiencia juntos para cuando nos toque bancarnos el siguiente vendaval. Y alegría desbordante en las épocas de calma, de ésa que se siente cuando lográs disfrutar intensamente de estar vivo.

Desde muy chico me tocó perder cosas y afectos que no estaban en mis manos mantener. Hoy, ante todo, soy alguien que cuida aquello que quiere. Con delicada firmeza. Con devoción. Constantemente. Amarte es para mí, cuidarte.

Puedo prometerte respeto. Absoluto. Total. Y apoyo en todo aquello que quieras de la vida, aún en las cosas en las que pueda no estar del todo de acuerdo. Y ésa es mi más firme promesa de compañerismo.

Porque sé de decepciones voy a darte honestidad en mis palabras. Te aseguro mi oído para cuando necesites que te escuche. Y mi decirte aquellas cosas que crea que necesitás escuchar.

Los años no me hicieron maestro. Los años me hicieron un excelente estudiante que siempre va a querer conocerte más, que siempre querrá aprenderte más, experimentarte más. Y ésa es la pasión que puedo prometerte. La que viene con desesperadas ganas de hacerte sentir en la piel todo el deseo que provocás en mí. Sin tabúes, sin tapujos. En entrega sin recelo.

Pero no, no puedo prometerte amarte como jamás te han amado.

Puedo prometerte amarte como sé, con mis tripas puestas ahí.

Y no dejar de hacerlo en la incansable búsqueda de ser,

para vos,

el último hombre que hayas elegido amar…

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