PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD

Cada tanto muevo mi trasero hasta Maschwitz para comer algo con mi amigo y tener nuestras profundas, intelectuales y sabias charlas hasta la madrugada, en las cuales mejoramos la publicidad televisiva, le sacamos la ficha al comportamiento de las mujeres y de paso, arreglamos el mundo…
Todo esto empieza después de la segunda botella de vino, por supuesto. Antes de eso estamos demasiado sobrios para creer que alguna de estas cosas es posible…

Hace un tiempo, hablando sobre mi crítica visión de las redes sociales, en particular de Facebook, le dije:

–Tengo una seria contradicción interna.

–Ajá… –fue su respuesta (sí, así de expresivo es).

–Bien sabés lo que pienso de las pelotudeces que la gente publica en Facebook.

–Sí, ya sé –se “explayó”.

–Ok. Quiero hacerme un Face que se llame A quien carajo le importa y publicar ahí toda clase de extremas boludeces, como que desayuné té de Camellia Sinensis con galletitas de lino o que estoy contento porque ahora me limpio el culo con Higienol Dúo y ya no se me paspa, a ver si la gente se da cuenta de que a nadie le importa si se compró ojotas con la cara del Papa o un nuevo perfume con aroma a madroño plantado durante el equinoccio de otoño.

–Hacelo –dijo el expresivo.

–Pero a la vez, hay cosas que me gustaría decir, que me gustaría escribir…

Pitó el cigarrillo, inundó su entorno con el humo dándole un aire místico a su barba que transformaba la cocina en una suerte de templo, se acomodó los anteojos como presagio de su inminente discurso, y sentenció:

–Hacé las dos cosas…

Por eso hoy escribo bajo este nombre, porque aún cuando para mí puedan ser cosas importantes, lo que yo piense, sienta o viva con respecto a lo que me emociona, lo que me enoja, lo que me hace sonreír…

no sé

realmente

a quién carajo le importa…