Ojo con ellos

Quien no sabe lo que busca no entiende lo que encuentra.Claude Bernard

En respuesta a una nota que leí hace poco más de un año y que voy a parafrasear en algunas líneas.El autor

La nota en cuestión, muy bien redactada –debo confesar–, describía una clase de mujer que deberíamos sentirnos afortunados si se cruzara en nuestro camino. Y por eso estaba planteada como una advertencia a nosotros, los xy cromosomáticos.

Ok. Vale.

Pero ahora es nuestro turno: el de lo hombres…

Ojo con ellos. Están en sus cincuentas. Vienen de un capítulo cerrado. Ya amaron, construyeron, acompañaron, adoraron a su mujer, hicieron crecer a sus crías y ahora vuelan con las mismas alas de águila que alguna vez usaron para “cazar” en sus veintes y para cuidar el nido cuando tuvieron hijos en sus treintas. Para ir por lo que hiciera falta y traerlo. Para enseñar a volar. Y que hoy despliegan con la curiosidad puesta en seguir descubriendo el camino, ahora que las crías se bastan por sí solas…

Son expertos guías al caminar. Anduvieron por senderos oscuros más de una vez y siempre encontraron el camino hacia la luz. Siempre lograron salir de la caverna.

Sus manos son sabias. Ya tocaron, acariciaron y se hundieron en tus muslos, recorriendo tu cuerpo hasta hacerlo explotar. Tienen boca lenta. Ya humedecieron tus labios, se arrastraron por tu cuello y mordieron tu hombro. Ya pasearon por tu espalda y te erizaron la piel.

Saben del amor y del dolor, del entusiasmo y del olvido.

Tienen brazos fuertes, dispuestos siempre a construir. Supieron abrazar, contener, proteger, mimar, cuidar… y soltar y sostener tu vuelo cada vez que hizo falta.

Van con recuerdos a cuestas, profunda intensidad en la mirada y tosca seguridad en la mueca que llevan por sonrisa.

Son hombres. Protectores, pero que saben ser niños para jugar. Fuertes, pero que pueden descansar en tus brazos hasta la próxima vez que necesites de su fuerza. Sensibles, contenedores, comprensivos, fieles a vos y a ellos mismos.

Hombres que valoran la familia. Son padres, en el sentido más amplio y puro de su significado.

Conocen otra forma de vivir, pero eligen entregarse por completo, aunque el riesgo sea volver en pedazos. Ya tuvieron que juntarlos alguna vez y saben cómo pararse después de estar en el piso desparramados.

Saben del juego, son expertos en “truco”. Pero ya no quieren jugarlo. Quieren póker abierto, con las cartas puestas de a una, de a poco, pero boca arriba, sobre la mesa. Sin vueltas. Sin roscas. Sin tapujos. Sin irse al mazo.

Sus ojos resisten cualquier “flash” y nunca reaccionan a ese impacto. Ya no compran la foto. Se toman su tiempo y se quedan a ver la película.

Curtidos, repletos de cicatrices endurecidas y temores que no esquivan, no tienen miedo al miedo. Ya estuvieron aterrados. Y ya volvieron de esas penumbras. Ya estuvieron quietos. Y volvieron a caminar.

Son hombres. Transan con todo, menos con ellos mismos. Son quienes son y así se ofrecen, a tome o deje.

Pero si esta advertencia también llega tarde y descubrís que ya no podés dejar de pensar en él, no te equivoques. No juegues juegos. Nada de mensajes. Llamalo. Invitalo a cenar. Cociná algo para él. No le hagas ojitos. Miralo a los ojos directo, clavale la mirada.

Tampoco ellos optaron jamás por la comodidad y saben que el camino es siempre incierto y siempre elegido.

Con las manos en los bolsillos van por la vida con algunas lágrimas guardadas y la misma mueca por sonrisa.

Tan decididos como siempre a vivir…

Ojo con estos hombres…

Tal vez, quién te dice,

entiendas lo que encontrás,

cuando haya uno en tu camino…

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