Mujer de las cuatro décadas

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Sólo por hoy, chicas,
permítanme ser una de ustedes…El autor

“No hay hombres” debe ser una de las frases más repetidas por nosotras, la mujeres, en lo que va de historia de la Humanidad. “Está lleno de pelotudos”, “Tienen mierda en la cabeza” y “Los tipos están cada día más boludos”, son los epígrafes más frecuentes que usamos como “bajada” de esa sentencia.

Y es verdad, chicas. Los hombres están en la pavada, preocupados por sus músculos y por qué nuevo celular van a comprarse. Se visten como pendejos y no les sacás una idea ni con forceps. No les hables de compromiso, porque no es una palabra que tengan ni la más remota idea de qué significa… ni siquiera podemos esperar un mínimo de eso expresado en fidelidad.

Tenemos más de 40, estamos separadas, viudas o solteras (Dios! Más de 40 solteras?) y nos gustaría conocer a un hombre, enamorarnos… qué se yo… tener alguien con quien compartir nuestras vidas. No hablemos de convivir o formar una familia, no… ir conociéndolo y ver qué pasa… Y entonces, todas estas caractéristicas de los especímenes masculinos que se nos cruzan son los brutales motivos que hacen que ni siquiera tengamos ganas de sentarnos a tomar un café con semejante clase de arlequines.

El problema es que un día nos inventaron el Facebook y –vaya Dios a saber por qué– no resistimos la tentación de usar este medio para hacer algunas cosas que deberíamos replantearnos aunque estuviéramos casadas y no tuviéramos ningún interés de este tipo, pero que si encima somos de las que nos gustaría conocer a un hombre, realmente la estamos pifiando feo…

Reflexionemos, chicas…

Si mostramos la exhuberancia de nuestros pechos como si fuéramos Silvia Süller, no nos sorprendamos cuando “tengamo” un Jacobo Winograd del otro lado de la mesa del bar en el que estamos tomando un café.

Si desplegamos fotos jugando a ser Pampita, en poses pretendidamente sensuales, no nos quejemos cuando el Nacho Viale que vamos a conseguir se encame con otra, diez minutos después de dejarnos en casa. Eso si logramos que tenga un mínimo de caballerosidad y nos lleve. Porque ese target muchas veces vive su rol de caballero acompañándote a tomar el taxi…

Si nos vamos a hacer las Chinas Suárez, nos vamos a tener que bancar a un montón de Benjamines, bien benjamines. Porque “hombres”, chicas, es otra cosa.

Muchachas, cuando un hombre en serio ve una foto nuestra paradas de perfil sacando cola, lo que siente son ganas de patearnos el culo. Cuando, ya grandecitas, nos sacamos 30 selfies con cara de pato, seguramente ese tipo de hombre, el que tiene los huevos puestos en su lugar, va a contener sus ganas de darnos una trompada en la boca para que no lo acusen de violento de género, pero apuesto a que fantasea con eso.

A los hombres hombres, les gusta desear. Si subimos fotos de cuerpito gentil –como decía mi abuela– sienten que pierden el placer de descubrirlo en la intimidad y apretan el botón de la X colorada.

A estos hombres no los vamos a seducir con tetas hechas con forma de iglúes amenzantes, incluso a muchos no les gustan. No los vamos a comprar por entreabrir la boca en fotos públicas como si nos diera lo mismo qué y de quién es lo que se mete ahí. Y tienen sus propios sillones, no necesitan nuestros culos hechos para sentarse sobre ellos a leer… para empezar… leen.

Las pendejas tienen esas tetas y culos en forma natural y hacen estas cosas, pero tienen un público que –a esa edad– compra primero por ahí.

Hay pocos HOMBRES? Puede ser… pero si nosotras seguimos actuando así sólo nos vamos a topar con tipos grandecitos de edad, pero muy, muy chiquitos en todo el resto. Y la que se acuesta con chicos, ya sabemos cómo amanece: quejándose de la “mala suerte” de estar toda meada.

Nosotras, si queremos otra cosa, también vamos a tener que ser otra cosa.

Nosotras,

si lo que queremos son hombres,

vamos a tener que empezar a ser mujeres

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