Aquí y ahora… y más allá la inundación

Está tan claro que el lugar es aquí
y el momento ahora.Coti, Aquí y ahora

Cuando cursaba 4to año de la Facultad circuló una suerte de lista en la que se detallaban los diferentes tipos de boludos y –acorde a eso– se les asignaba un nombre. Así estaban los boludos esféricos –los mires por donde los mires son boludos–, los boludos telescópicos –desde lejos se ve que son boludos– y así.

Hoy creo que los seres humanos en general, deberíamos entrar todos juntitos en la categoría “boludos campana”. Porque somos tan, tan, tan boludos, que el tañir del campanario debe ensordecer a toda la galaxia…

Porque siempre hay uno, inteligente, realmente inteligente, que plantea una nueva forma de ver las cosas. En general, para ser aplicada a un área de nuestras vidas como seres pensantes y mejorar así nuestra temporaria existencia.

Y ahí venimos la caterva de idiotas a imponer esa nueva perspectiva a absolutamente todo, arrasando con cualquier otro modo de ver las cosas por obsoleto, retrógrado, reaccionario o el adjetivo calificativo más estúpido que se pueda imaginar.

Cambiamos radicalmente sin pena ni gloria tanto nuestra forma de amar como la de pelar una mandarina. Revolucionamos nuestro modo de relacionarnos con los demás y el de atarnos los cordones. Todo –absolutamente todo– debe encajar en este nuevo concepto o somos unos imbéciles sin remedio.

Pues eso pasó con el “Aquí y ahora”.

El pasado, pasó y el futuro aún no llega. Sólo existe el presente.

Víví, jugá, disfrutá, amá, todo aquí y ahora. Sin importar cómo vivís, a qué jugás, qué disfrutás o a quién amás. Después vemos…

Rompamos las pesadas cadenas del compromiso que nos obligan a vivir plenamente el presente, cargar con el pasado y a mirar el futuro todo el tiempo, porque es agotador, es demasiado trabajo.

Dejá, no me rompas las pelotas. Me levanto cada mañana y hago la que pinte.

Incorporar el pasado? Para qué? Levantar la cabeza para ver adónde vamos? Están en pedo? A quién le importa adónde vamos. Si ya lo dijo el Coti bien clarito: “Está claro que el lugar es aquí y el momento es ahora”. Y ahora la estamos pasando bárbaro.

Y si no la estamos pasando bárbaro, no importa, ya pasará. Para qué vamos a revisar el pasado para ver cómo llegamos acá y en una de ésas aprender algo en el camino.

Para qué mirar hacia adelante y trazar alguna forma de plan que nos saque de ésta. Al pedo. En un tiempo este aquí ya no va ser aquí y el ahora será pasado.

No seamos boludos, recuperemos el hedonismo griego que eso nos va a garantizar la felicidad plena.

Y allá vamos todos los campanotas…

Aquí está lo que quiero y lo quiero ya.

Así que poco importa tirar a la basura todo lo construido hasta ahora, porque eso es pasado. Y ni se te ocurra hablarme de pensar en las consecuencias de mi actos, porque eso es futuro, tontito. Que no existe, porque aún no llegó…

Negar el pasado nos deja sin identidad. Nos hace perdemos a nosotros mismos en lo más íntimo, en nuestra fibra, en lo que nos hace ser quienes somos. Vivir en un “ya fue” constante no nos permite crecer, aprender de nuestros errores, mejorar como personas…

Y no considerar el futuro en pos de un mero disfrute del momento nos condena a ser sorprendidos por las consecuencias que tiene el aquí y ahora en el allí y un poquito después. Nos quita la seguridad necesaria para ir dando pasos en la vida que hagan que no vivamos arrepentidos de cada decisión que tomamos en el pasado.

Cuando usamos el “aquí y ahora” para no demorar decisiones que tenemos que tomar para mejorar nuestro aquí y un poco más allá, estamos aprovechando la inteligencia del que lo planteó como un nuevo modo de ver las cosas. Y seguramente vamos a estar más que satisfechos con el resultado de haber decidido esto que había que decidir “aquí y ahora”.

Valorar lo que estamos viviendo en este momento debería ser una nueva religión. Una que nos preservaría de pasarnos la vida melancólicamente recordando lo bien que la pasábamos allá lejos y hace un tiempo. Un axioma de vida por el cual seguramente sonreiríamos más frecuentemente.

Pero cuando la filosofía del “Aquí y ahora” lo inunda todo y nos la pasamos renegando del pasado y cerrando los ojos al futuro, muy probablemente no tengamos nunca un aquí y ahora que nos haga felices…

Quizás estemos necesitando que algún otro inteligente nos oriente acerca de en qué cosas aplicar el “Aquí y ahora” como modo de vivir y en cuáles definitivamente no.

Porque si no, en algún momento,

las consecuencias van a estar aquí

y ya no sabremos qué hacer ahora…

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