500.001 balas

No esperes a su permiso.
Siéntete con derecho para hacer lo que quieres.
Pedir permiso es síntoma de inseguridad.Un…. cómo llamarlo?

Mi problema es que quiero resolverlo todo matando gente.Anónimo, pero tengo el mismo problema.
El autor

Hace un tiempo leí una nota sobre un xy (es lo único que lo define como hombre), grupo cromosómico al cual los responsables de haberlo puesto sobre la Tierra bautizaron con el nombre Jeremías. Pérez de apellido. Pero que él ha trocado en Álvaro Reyes, tal su nombre “artístico”.

Esta cosa envuelta en paquete símil humano parece ser que da clases –a un cúmulo de otros xy aún menos dotados neuronalmente que él– sobre cómo seducir a mujeres…

Así, en general: mujeres. Sin distinción de ideología o intereses que ellas tengan. Sin contemplar sus gustos. Sin diferencias de ningún tipo. Por eso, porque son sólo mujeres: ese montón de carne mejor o peor distribuido según el concepto de belleza reinante. Todo eso alrededor de la vagina que las define como hembras y nada más. Porque eso es todo lo que importa.

En sus “clases” no vas a encontar nada de “seducí a tu pareja”, con instrucciones del tipo de las que se encuentran en revistas para adolescentes que, más allá de lo pavotas que puedan parecerme, son inofensivas y hasta divertidas.

Nada de “cómo mantener la seducción con los años” de esos libros de autoayuda con los que poco comulgo, pero que están siempre plantados en una visión constructiva de la vida.

Es seducción como quien enseña con qué encarnar el anzuelo para pescar determinada especie de pez. Con un agravante serio: no hay técnicas para “pescar”. No hay reglas para atraer. Toda su –llamémosla teoría– se basa en la lisa y llana agresión. Se parece más a clases de caza.

El epígrafe del título es sólo la punta del iceberg de lo que este mononeuronal organismo escribe en libros que se venden a 300 euros y dice en videos subidos a Youtube. Medios con los cuales se está haciendo rico, en este extraño mundo de Jack, en el que mientras acusamos a un tipo de acoso laboral por decirle a su compañera de trabajo que tiene lindas piernas, permitimos que una bestia, una editorial y una empresa en Internet enseñen, sin más trámite y amparados legalmente, barbaridades como el “beso ciego”, técnica por la cual este engendro actúa besando por la calle a mujeres que no le han dado ni la más mínima pista de consentimiento.

Ahora bien…

Su canal de Youtube tiene 500.000 suscriptos…
Fácil de entender el título de la nota, no?

Pero esos idiotas no son los que me preocupan, justamente porque –por más “feminazi” que sea la solución que propongo– es sencilla: Sólo necesito una ametralladora (para no perder mucho tiempo en esto), fila india de los 500.000 forros, un ratito de sacudirme el hombro al compás de la metralla y una pala mecánica para transformarlos en abono, única manera de que sus existencias resulten productivas.

Para Álvaro me reservaría el placer de apoyarle la pistola en la cabeza –cual Trinity al centinela en “Matrix”– y ver cómo vuelan los sesos de este imbécil del otro lado de su cabeza.

Qué pasa? Muy “agresivo” lo que escribo?
Qué problema… porque sólo estoy precalentando…

Porque los que me preocupan, seriamente, son los demás hombres. Son todos los que no están para nada de acuerdo con esta cosa con silueta humana. Son aquellos que quizá lean mi nota y digan un enorme sí a todo mi despliegue de violencia. Pero que no hacen nada concreto al respecto. Ésos me preocupan… a ésos también me dan ganas, no de matarlos, pero sí de pegarles flor de patada en el culo. A ver si con eso reaccionan.

Porque yo solito tengo algo así como treinta posibilidades de ir en cana, entre las mujeres vinculadas afectivamente a mí, que van desde mis hijas hasta amigas, desde mi madre hasta mis primas, pasando por todos los vínculos posibles en el medio…

Porque si este sujeto o cualquiera de sus “alumnos” violara la condición de personas de semejante manera de cualquiera de ellas, en este mundo sin ley, lo desfiguraría hasta dejarlo reducido a un cúmulo de huesos y carne de imposible reconocimiento. Para después apoyarle la pistola en la cabeza y terminar de limpiar el mundo de esta escoria.

No entiendo dónde están esos padres, hermanos, hijos, amigos, maridos, ex maridos, primos, tíos… en fin, HOMBRES. No lo comprendo. No me cabe en la cabeza que estos tipos –no digamos que cumplan mi violenta y utópica fantasía– pero que por lo menos no hagan un kilombo “padre” para que la ley caiga sobre esta trilogía (autor, editorial, medio digital) con la misma furia que despliegan en cualquiera de las manifestaciones por un puto partido de fútbol, para reclamar aumentos de sueldo o cualquier otra pelotudez, si la comparamos con esta barbaridad con la cual conviven en silencio.

Porque a mí, como hombre, padre de dos mujeres, padrastro de una prestada (con esa no llegaría a tiempo; cuando llegara el padre ya lo habría enterrado seis metros bajo tierra), novio, ex marido, hijo, hermano, primo, sobrino, amigo… en fin, hombre vinculado a mujeres que quiero, el sólo saber que existe semejante imbécil del otro lado del Atlántico, hace que me den ganas de juntar la guita para pagarme el pasaje para viajar con el único fin de “explicarle” a “Jere” que ni se le ocurra meterse con las “mías”, porque yo voy en cana, pero él va a dejar de consumir el oxígeno y los recursos naturales que los seres humanos necesitamos para vivir y que él despilfarra a diario con su miserable e injusta existencia.

No me entra en la cabeza que las mujeres sean las únicas que hacen algo al respecto. No puedo creer que las dejen solas en sus reclamos de castigo para este hijo de puta. Me da vergüenza como hombre que mi género no le haya destrozado la cara hasta el momento y el muy idiota siga “enseñando” cómo “seducir”. Me apena que no hayas reales “machos”, en el único sentido positivo de la palabra: cuando se es para defender a sus “hembras”.

Tengo terror de pensar que en realidad lo único que necesito es una pistola con sólo una bala.

Para volarme la cabeza en el caso de que descubriera que,

en este mundo que no termino de entender,

soy el único que piensa así…


Si no sabés quién es este infeliz, googleá Alvaro Reyes, beso ciego

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